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domingo, 19 de octubre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 7. SHKODER-ELBASAN. 290 kms

 DÍA 7. SHKODER-ELBASAN. 290 kms

Día de transición, sin grandes expectativas. El objetivo era "circunvalar" Tirana dirigiéndome al interior del país y después tomar rumbo sur con la intención de alcanzar Grecia en unos pocos días.

La salida de Shkoder fue sobre buen asfalto, hasta Perlat Qender, donde comenzaban las "otras" carreteras, pistas forestales donde la gente transita con turismos o furgonetas-autocar al ritmo que buenamente pueden.

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Este camión llevaba una carga algo especial. La gente aquí no tenía complejos.

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Recuerdo esta pista en bajada, con unas piedras afiladas molestísimas, no podía pasar de segunda y sufriendo, con el equipaje dando saltos. Imaginaós el confort dentro del Renault 21.

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Y por si no lo había dicho, Albania es territorio Mercedes. En cualquier pueblo encontrabas tiendas que anuncian recambios para esta marca.

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En las ciudades abundaban los scooters chinos. Motos de offroad, muy escasas, la mía y pocas más me temo.

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Respecto a la ruta en sí, lo habitual en Albania: curvas y más curvas, y de un puerto de montaña a otro. En cada valle, un río, este cercano a Kurbnesh, enclave minero, con un color muy peculiar.

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Los collados y altiplanos, generalmente verdes. Daba pena bajar al llano.

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En Muhurr vi una Honda Goldwing aparcada frentre a un bar solitario y vi la ocasión de echar un trago con alguien de mi gremio.

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Antes de pedir nada la dueña me obligó a sentarme en un sillón y apalabramos unas partidas de ajedrez.

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Luego apareciço Iliriano (en el centro de la foto), transportista, y cayó una segunda ronda de Tiranas.

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La conversación, en italiano, delirante e hilarante. Con gente así tienes la sensación de que nunca viajas solo.

Volvió a repetirse el guión de muchas tardes: de nuevo en el camino con un punto extra de felicidad y con la pertinaz lluvia de verano que siempre aparecía para refrescarme y devolverme a la realidad. Por delante todavía quedaban muchos kilómetros hasta Elbasan cruzando algún puerto por las habituales pistas de la red secundaria.

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Por suerte la lluvia se fue a otra parte, y ya en seco y con las últimas luces del día bajé hasta el valle del río Shkubini.

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Al final ni siquiera llegué a Elbasan. Se hizo de noche y paré en el primer hotel de carreretera que se me puso a tiro. Una jornada distendida. Para compensar, al día siguiente volverían las emociones fuertes.

miércoles, 8 de octubre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 6. SHKODER - THETH - SHKODER. 160 kms

El aislado valle de Theth bien se merecía una visita y le dediqué una jornada exclusiva con salida y llegada en Shkoder. Pude prescindir de la mayor parte del equipaje y por un día viajé ligero. Afortunadamente fue así, porque las pistas hacia este enclave montañoso fueron de las más duras de todo el viaje. Si el trayecto por Bosnia y Montenegro había sido sobre terreno blando y embarrado, Albania iba a revelarse como un territorio áspero, escarpado y por lo que respecta al camino, especialmente pedregoso. Las vistas, aquí y allá, abundaban en picachos, laderas desplomadas, barrancos profundos y cimas inaccesibles. En suma, un paisaje siempre atormentado.

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A veces me sentía como el viajero contemplando un mar de nubes de Caspar David Friedrich.

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Las comunicaciones allí son duras, que se lo digan a los viajeros de las furgonetas-autocar que surcan aquellos caminos.

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El día, cómo no, salió fresco y neblinoso.

 

El camino, siempre en ascenso, y adornado con infinidad de riachuelos y cascadas.

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El puerto que cierra el valle por su lado suroeste marcó el punto propicio para deternerme y echar un trago con los propietarios del bar Soshit.

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Estuvimos hablando de lo mal que les fue con el comunismo y de las pocas oportunidades que tenían actualmente con el capitalismo. Se quejaban también del desconocimiento y del poco atractivo de Albania en el exterior. Creo que fui yo quien habló de la película Venganza (Taken) en la cual una mafia albanesa radicada en Tropoje es eliminada por Liam Neeson en una delirante secuencia de asesinatos. Uno de mis contertulios dio un golpe en la mesa y exclamó:

Fucking Taken!

Evidentemente se quejaba de la mala prensa que dicho filme daba de Albania, y de que les había hecho un flaco favor para desembarazarse de la etiqueta de mafiosos. Personalmente, sólo puedo decir cosas positivas de los albaneses, conmigo siempre fueron generosos y hospitalarios, y cuando estuve en apuros me ayudaron inmediatamente y sin reservas.


Durante el descenso hacia Theth el cielo se despejó y pude disfrutar al máximo del paisaje.

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Como me encontraba en las horas centrales del día y el sol pegaba fuerte, no pude resistirme a darme el reglamentario bañito.

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La pista discurría luego plácidamente a lo largo del río, no tenía pérdida.

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Una vez en Theth (unas pocas casas en realidad),

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había que comer y beber en el restaurante local.

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Justo debajo de la lata, Theth.

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Como es habitual me aticé unos chupitos de aguardiente local. Lástima, luego descubrí que tenían vodka Gorbachov. Iba demasiado alegre ya para probarlo. Otra vez vuelvo y lo cato.

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Había que volver a Shkoder y el cielo se estaba poniendo feo. Empezó a llover débilmente justo cuando inicié el retorno, así que tuve una vuelta algo penosa. Me crucé con un par de motos y algún que otro 4x4; esta otra ruta parecía tener más tráfico que la de la ida. Recuerdo que paré en una fuente junto al camino a refrescarme y a esperar que se disiparan los vapores de la rakia cuando inesperadamente vislumbré la cumbre del Maja e Rabes entre jirones de niebla. Uuuuuf, vaya visión. Y no fue cosa del alcohol.

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Contento con el disfrute del paisaje, proseguí ruta por un camino cada vez en mejor estado. Tuve suerte, porque la pista, en proceso de mejora, solo se abría al tráfico después de las 5 de la tarde.

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Y tuve más suerte aún de que aquel día no hubiera cargado con el equipaje en pleno y de que el firme fuera cada vez más regular. Algunos ruiditos en la parte trasera de la moto llevaban días atormentándome y quiso el destino que me diera cuenta en esta pista del origen del problema: uno de los 4 tornillos del transportín había desaparecido y llevaba el equipaje dando saltos con cada bache. Hice un apaño provisional y proseguí hacia Shkoder con ritmo más bien sosegado pra evitar nuevas roturas.

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Pronto llegué al asfalto y pude poner la directa camino de Shkoder. En el primer taller de motos que se me puso a tiro pedí ayuda. Allí conocí a Irilian, quien se aprestó a fabricar un casquillo ad-hoc con alguno de los bulones que tenía esparcidos por la tienda, y yo aporté el tornillo que faltaba de mi provisión de recambios. Problema resuelto.

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No quiso cobrarme nada, y eso que estuvo un buen rato serrando y puliendo el bulón. Unos días más tarde volvería a visitarle, pero solo por el placer de saludarle y regalarle alguna cosilla. Así da gusto viajar.