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martes, 16 de junio de 2015

AÑO NUEVO 2015 EN PORTUGAL. DÍA 1-VILANOVA DE MILFONTES - TROIA. 260 kms

INTRO

El mismo día 30 de diciembre todavía no lo tenía claro, pero al final acepté la invitación de unas amigas que estaban de mochileras por Portugal durante las navidades y tras preparar apresuradamente el material de excursión y la moto, me planté en Vila Viçosa la noche del 31. Suerte que llegué yo, porque aquella noche no abrían los bares, así que cogimos mi coche y nos fuimos hasta Elvas a celebrar la nochevieja. Unos cubatas en una pastelería (lo único abierto en la ciudad, por increíble que parezca) y de allí a la sede del motoclub alentejano, donde nos dijeron que había fiestecilla.

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Parece ser que la gente habitualmentre cruza la frontera y se va de marcha a la vecina Badajoz. No me extraña, lo más movido que puso el dj fueron un par de temas de Elvis Presley, el resto, latinobrasileño más bien lento para una noche tan señalada. Los precios eran de risa y no recuerdo haberme corrido una juerga por tan poco dinero desde hace muchos años. Por otro lado los únicos moteros debían ser los camareros vestidos de cuero negro, pues el ambiente era más bien burgués y relajado. ¡Yo que me esperaba una fiesta de barbudos a lo zzTop, heavy metal y ángeles del infierno! Disculpad la calidad de las fotos, pero las condiciones ambientales no daban para más. Bueno, el caso es que gracias a los colegas moteros del Alentejo pasamos un buen rato y salvamos la nochevieja que tan cutremente había comenzado comiéndonos unos tristes canapés + litrona en la habitación del hostal

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El día 1 no estaba yo para grandes alardes así que no me pareció nada mal la propuesta de mis amigas de quedarme una noche más en Vila-Viçosa. Yo llevaba un plan de 5 días en moto, tampoco pasaba nada si perdía uno. Como dice mi amigo Amarok cuando monta una expedición de las suyas, siempre hay que guardarse un día de reserva por lo que pueda pasar. Yo tenía previsto hacer un circuito de interior y costa, pero pronto asumí que por cuestión de tiempo y también para evitar repetir recorridos de otros viajes que no me iban a aportar nada, iría directamente en coche a la fachada atlántica e improvisaría algo. El día 2, para variar, salí tarde. Me despedí de mis amigas y tomé el camino hacia la costa alentejana, pero con calma. El sol estaba ya alto y no me daría tiempo de rodar en moto aquel mismo día, así que intenté disfrutar de la conducción por las carreteras secundarias portuguesas, deteniéndome allí donde me apetecía, como en el curioso castillo de Evoramonte.

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Total, otro día menos de ruta en moto, ya solo me quedaban tres disponibles. Al atardecer llegué a Vilanova de Milfontes donde busqué un hostal para los próximos dos días: haría una ruta hacia el norte y otra hacia el sur, llevando encima el material justo. Me había traído todas las maletas y alforjas de las grandes rutas, pero el plan había cambiado; además me apetecía viajar ligero. Tan ligero que me di cuenta de que me había dejado en casa el soporte del gps y las rodilleras. Esto es lo que yo llamo una buena organización.
 El recorrido de los tres días obedecía a mi interés por recorrer el tercio sur de Portugal siempre siguiendo la línea costera dentro de lo posible. Ya conocía parte de la región y me apetecía explorar más aquel accidentado terreno de arenales, playas y acantilados; seguro que algo interesante podía descubrirse todavía.

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DIA 1. VILANOVA DE MILFONTES - SINES - PENÍNSULA DE TROIA. 260 KMS

Para empezar el viaje, la etapa más larga, así se coje la forma rápidamente. El plan consistía en llegar hasta la península de Troia, una lengua de tierra al sur de Setúbal sobre la desembocadura del río Sado. En el hostal alguien me dijo que para qué iba allí, que estaba lleno de pijos. Bueno, mi motivación radicaba en llegar físicamente hasta la punta de la península, no en ver exactamente lo que habían construído allí ni en conocer a sus adinerados moradores.

Sabía que un potente anticiclón me garantizaba tiempo soleado toda la semana pero no contaba con las heladas nocturnas. Para mi sorpresa me encontré con la arena cubierta de escarcha a primera hora de la mañana en las zonas más sombrías; yo que venía a disfrutar del solecito en las playas.

 Desde Vilanova a Porto Covo ya me conocía el camino y empecé a cogerle el feeling a la arena una vez más.

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O sea, un feeling bastante desconcertante: generosidad con el gas o picado de biela (minuto 1.10).


Yo llevaba mis tracks pero a menudo podías ir improvisando entre las diferentes pistas que iban apareciendo. A veces rodabas junto a la costa; en otras ocasiones te adentrabas por bosques de pinos o eucaliptos. La circulación por los surcos, delicada.

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Lástima que estos días de enero fueran tan cortos. Sabía que si me entretenía me sorprenderían las sombras antes de tiempo, y me quedé con ganas de husmear por algunos rincones. De cualquier manera, el recorrido fue totalmente arenoso hasta Sines, donde me tocó bordear la ciudad y el polígono petroquímico por asfalto. Apenas había salido de la ciudad cuando saltó la sorpresa: no contaba con meterme por esta playa, pero así fue.

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Aquello seguía y seguía siempre dirección norte. En 15 kilómetros encontré a algunos pescadores, nadie más.

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A la altura de la laguna de Melides la playa estaba relativamente ocupada por paseantes y tuve que desviarme temporalmente hacia el interior. Habría podido continuar por la playa, pero la franja arenosa se estrechaba cada vez más,

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así que tal vez fue prudente seguir por pistas. Total, entretenimiento no me faltó entre los surcos catando diferentes tipos de arena.

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La excitación se calmó con un par de caídas en blando y también al constatar que no iba sobrado de combustible. El consumo se había disparado a cuenta de estar jugando con la arena toda la mañana y tuve que buscarme una gasolinera en Carvahal, si no, llegaría a Troia pero no volvería.

Cuanto más avanzaba hacia el norte, más notable era la presencia de turistas y de señales de probicición de meterse en las dunas y playas. Literalmente, muchas playas estaban valladas, restringiendo el acceso o salida a unas estrechas pasarelas para peatones. En un par de ocasiones quise salir de alguna playa y me vi enjaulado, la cosa se iba poniendo cada vez más fea.

Una vez en Troia no quise insistir más, llegué al extremo norte de la península, vi Setúbal a lo lejos y me di la vuelta. El sol ya estaba bajo y tras 130 kms casi exclusivamente de arena, me esperaba un largo regreso básicamente asfáltico nada excitante. Aún así busqué un resquicio entre las alambradas y pasarelas y pude recorrer algunos kilómetros junto al mar.

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Me puse toda la ropa que llevaba encima y con paciencia me volví para el sur por carretera, aunque una vez pasado Sines me animé y volví a meterme por la arena hasta que ya de noche me la pegué, era inevitable. Lo que todavía no entiendo es cómo pude doblar la maneta de embrague cayendo sobre blando.

Y como curiosidad, este vídeo de Roxette, rodado íntegramente en Troia, refleja exactamente el ambiente de la zona: los rascacielos construídos en el extremo de la península, la mezcla de colores ocres y verdes de los arenales y pinares, la permanente proximidad del océano, la gran intensidad de la luz, y también la posibilidad de sentirte totalmente aislado en playas larguísimas. Kilómetros vírgenes no van a faltarle a nadie.





domingo, 5 de abril de 2015

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 25. TRILJ - GRABOVAC. 290 kms

DÍA 25. TRILJ - GRABOVAC. 290 kms

Recorrido por zonas planas mayoritariamente, aparentemente con escaso atractivo, y con el objetivo siempre en mente de llegar a Grabovac antes de que cayera la noche.

A poco de salir de Trilj ya estaba entre los charcos y el barro, encajado entre campos de cultivo y un terraplén de protección (supongo) contra las crecidas del río Cetina.

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Lo pasé mal entre el fango deslizante y sufrí hasta que me encaramé al terraplén y pude rodar en seco entre las margaritas.



Más adelante tocó rodar entre hierbas altas

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disfrutando siempre de la verde campiña de la Dalmacia interior.

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Siguieron más sendas fáciles por suaves colinas,

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y alguna rampa más entretenida, pero totalmente asequible para una moto con maletas.

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Poco antes del lago Peruca la ruta me llevaba por este camino aparentemente recto.

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Yo quería atajar hasta Bitelic, la aldea del fondo, pero el camino se fue asilvestrando, aparecieron muros derruidos y también alguna destartalada barricada. Tuve que meterme varias veces campo a través para sortear dichos obstáculos, y fue entonces cuando recordé que estaba en un país donde no son raros los campos minados...

Salí del lío indemne y fui a darme de bruces con un monumento a los caídos en una guerra más antigua. Otro mausoleo decrépito.

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Seguí mi rumbo siempre hacia el oeste por las llanuras adyacentes al Dinara, el pico más alto de toda Croacia.

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Hasta que fui a reunirme otra vez más con la memoria de los muertos en la antiquísima iglesia prerrománica de San Salvador en Cetina.

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Y del camposanto, por la vía napoleónica que recorre Dalmacia, hasta las ruinas de este molino sobre el río Krka.

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Había que bajar a verlo, ¿no?
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Más bucólico imposible. Quise bañarme, pero las aguas del Krka bajaban heladas. Al menos la pausa me sirvió para recordar los buenos momentos pasados aquella mañana por senderos inesperados.

Por la tarde me entraron las prisas. Tenía prevista una ruta interesante por las riberas del río Zrmanja pero me vi obligado a abreviar y tomar más asfalto del deseado para llegar a Grabovac antes de que anocheciera totalmente.

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En cualquier caso, esta última jornada resultó más animada de lo esperado y me di por satisfecho con el entretenimiento matutino en los senderos.

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Finalmente, tras 25 días en moto, estaba (sólo) medianamente saciado de nuevas aventuras en el camino. Personas, paisajes, averías, minas, lagos, ruinas, cimas, talleres, cervezas, historias, playas, nieves, refugios, puentes, auxilio.... demasiadas emociones: tendré que volver.


FIN