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miércoles, 20 de abril de 2016

PRIMAVERA 2016. PREPIRINEO DÍA 4

DÍA 4. HACIA EL OESTE

Los primeros 15 kms de esta segunda jornada fueron frenéticos. Dejamos atrás el valle del Asíbena y nos fuimos para los cerros cercanos,

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con el objetivo en mente de rodar sobre los peores caminos de la región.

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El terreno era sobradamente conocido y la única novedad consistía en hacerlo en sentido inverso al de otras ocasiones. Otra novedad, esta inesperada, fue descender la sierra del Chotal por su ladera norte con la pista cubierta de nieve.

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Toni se cayó nada más empezar el tramo blanco, y yo lo hice en cuanto la nieve se transformó en hielo.

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Unos patinazos más tarde ya estábamos habituados al engañoso agarre del terreno. Nuestro cometido más próximo era bajar por caminos ligeramente embarrados a la vega del río Grijalbo, nutrido por las numerosas fuentes que nacen en el Turbón.

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El tramo desde el puerto hasta el río se me hizo eterno. Es un continuo sube y baja por caminos sucios donde consumes demasiado tiempo para llegar al valle, donde nos esperaba la sección húmeda del día.

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Generalmente se puede circular por el mismo cauce con bastante comodidad, pero en esta ocasión las recientes nevadas en el macizo del Turbón (a nuestras espaldas) habían aumentado y enturbiado el caudal.

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Tuvimos que ir serpenteando corriente abajo, saliéndonos por las riberas cuando el paso estaba impracticable.

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En general cubre poco, pero conozco personalmente algunas grietas profundas donde clavar la moto. Ojito siempre con los ríos.

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Antonio se lo pasó bomba.

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Quería excursión por Pirineos. ¡Pues toma Pirineos!

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Algún vadeo estaba más resbaladizo de lo normal pero salimos del río sin mayor incidencia que unas botas mojadas para lo que quedaba de día.




Llegamos a Pampo hechos unos hombres rana, y como el coche de nuestros enemigos estaba aparcado precisamente en la gasolinera, demoramos el repostaje y nos fuimos a comer algo a un bar cercano. No era exactamente la pausa que teníamos prevista, pero las circunstancias nos obligaban.

El trayecto matinal nos llevó más tiempo del deseado. Habíamos cubierto unos 40 kms escasos y debíamos hacer casi 100 kms más. Siempre me digo que voy a recortar ese track y nunca lo hago. A ver si aprendo de una vez.

Nos fuimos escopetados camino de Asisa para hacer en sentido inédito uno de mis recorridos habituales. A mi pesar, abundaban las bajadas, y no me encontré agusto hasta que llegaron las primeras rampas en una curiosa zona de trincheras.

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Observo cuán alargada era mi sombra en aquella hora y me escandalizo del retraso que llevábamos.

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Mucho flow pero pocas paradas para hacer fotos del tramo más vistoso de la jornada. El tiempo apremiaba, así que guardamos la camara un buen rato y nos concentramos en la faena.

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Cruzamos el río de la Tana muy cerca del valle del Xinca e iniciamos el regreso al hotel. ¿Dónde nos sorprendería la noche esta vez?

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Podíamos haber tirado por terreno conocido, pero yo no quería dejar pasar la ocasión de aventurarnos por un nuevo sendero que, de ser practicable, funcionaría como magnífico atajo en excursiones posteriores. Sabíamos de sobras que el camino más rápido es siempre el camino conocido, pero....

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Ni que decir tiene que la jugada salió mal. La senda había sido medio barrida por la erosión a media ladera justo cuando ya intuíamos la salida; fue uno más de esos bonitos golpes dramáticos que amenizan estas salidas. Nos dimos la vuelta y, dando un rodeo por pistas, nos reintegramos al track acumulando más retraso todavía.

Si alcanzábamos el valle del Ésera antes de que cayera totalmente la noche podríamos darnos por satisfechos. Nos tocó pistear, serrar las ramas de un árbol caído sobre el camino, y ya por último llegamos a la bajada final, fea y perdida como ella sola. Suerte que yo había rodado por allí hacía unos pocos meses, porque la senda ni está balizada ni tiene traza firme en buena parte de su recorrido. Sólo bajas y bajas siguiendo unos estratos hasta que, gracias al gps, sabes que hay un par de giros, porque si te fías de tu intuición te vas directo al infierno.

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Superado este último escollo, nos llegamos a Pampo para merendar, heladitos de frío pero contentos de haber salido de la trampa aquella. El regreso a nuestro valle, 20 kms más, lo hicimos por carretera alumbrados una vez más por la luna llena pascual. A las 9.30 p.m, puntualmente en el hotel, como la noche anterior.

DÍA 5. VUELTECILLA FINAL

El plan para el jueves santo consistía en acercarnos hasta el pueblo semiabandonado de Xiclets y probar fortuna con un sendero maltrecho que nunca había podido completar en anteriores visitas. En el hotel nos guardaban la habitación hasta la 1 para poder ducharnos antes de volver a casa; si no cumplíamos con el horario nos tendríamos que lavar en el río.

Durante la fase de aproximación coincidimos con un par de motos alemanas. Ya era la tercera vez que me encontraba con alemanes en quad o moto de enduro en cuatro visitas a la comarca, por lo que deduje que allí había gato encerrado. Más tarde, de vuelta en el hotel, conseguí enterarme de que en el cámping del pueblo, dirigido por un alemán, se organizan dichas rutas gracias a la flotilla de WRs y quads de que dispone el amigo. Con razón me decían los hippies que sobreviven en aquella aldea perdida que estaban escamados con tanta visita de motos por su aislado pueblo: "todos los fines de semana pasan motos por aquí". Que cada uno saque sus propias conclusiones. Unos variamos los recorridos sistemáticamente para pasar desapercibidos y otros queman las zonas sin escrúpulos.

Dicho esto, continúo con el relato. El sendero del que hablaba más arriba nos dio menos trabajo del que esperábamos porque no progresamos mucho por él. La erosión se lo estaba comiendo y no disponíamos de tiempo suficiente para ponernos a repararlo. Antonio quería insistir pero yo no vi prudente meternos en el lío teniendo en cuenta la longitud de la senda y el escaso tiempo del que disponíamos. En cualquier caso, disfrutamos de la frondosidad del bosque, todavía con plena estampa invernal a pesar de que ya había comenzado la primavera.

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Pasamos por Xiclets, donde no vimos a nadie,

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y nos dirigimos hacia el Coll de Ment vía ameno sendero. Debe ser lo único ameno que hay por aquí, porque los árboles pelados, las hojas muertas y los dominantes colores ocres sumados a la despoblación crean un ambiente más bien tétrico.

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Allá al fondo, ligeramente a la derecha, se pueden intuir algunas de las casitas del pueblo que acabábamos de visitar.

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Una pena que el sendero terminara. Lo conocía cuesta abajo y en sentido contrario me gustó mucho más.

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Una última foto en el collado próximo, donde volvimos a coincidir con la tropa alemana, y derechitos al hotel.

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Total, dos días y medio consecutivos sin bajarnos prácticamente de la moto. Antonio se sació (temporalmente) de Pirineo y yo acumulé unas cuantas horas de vuelo más con la 350.

PRIMAVERA 2016. PREPIRINEO DÍA 3

A la semana siguiente ya estábamos otra vez inmersos en la misma rutina. Toni y yo aprovechamos los primeros días de las vacaciones para esta vez un poco más hacia el oeste por tierras de frontera. En dos días y medio cruzaríamos cinco valles cercanos a Pirineos a lo largo de 350m kms. para rodar por el norte lejos de las multitudes que vendrían días después.

MARTES. DIRECIÓN ESTE. 140 KMS

Mucha pista inicialmente, pero el ambiente se empezó a animar en cuanto llegamos al Gonera Ribarogana.

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El reto consistía en ascender desde una aldea con forma de rombo hasta la serra de Santa XXXXX: 500 metros de desnivel en unos 4 kms. En 2011 ya había recorrido la senda en sentido descendente; cinco años después me picaba la curiosidad de hacerla cuesta arriba. Fue salir del pueblo, allá al fondo, y no parar de subir.

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Las resbaladizas zonas de umbría nos hicieron sudar, especialmente en las cuestas más empinadas.

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Unas cuantas zetas embarradas nos dieron trabajo inicialmente, pero una vez nos adentramos en el bosque ya pudimos rodar con bastante fluidez.

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A media subida sales de la espesura y te das cuenta de lo que estás subiendo.

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La nieve hizo su aparición a medida que subíamos de cota, lo que nos hizo dudar de si lograríamos superar las últimas rampas,

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pero antes de lo que pensábamos, conseguimos llegar a la cima deseada. Próximo objetivo: Schwurtz.

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Tocó pistear siguiendo la cresta de la sierra y cuando vimos que el descenso por senda que yo había previsto era demasiado peligroso, optamos por volvernos otra vez para arriba y buscar la bajada clásica a la aldea, igualmente arriesgada, pero al menos disponíamos de referencias del lugar. La senda tenía un inicio algo engañoso, a través de una ancha rambla

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que paulatinamente se iba estrechando

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hasta convertirse en estrecho desfiladero,

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para terminar circulando cómodamente por una balma humanizada con algunas construcciones.

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Y justo cuando ya teníamos la aldea a nuestro alcance el sendero se fue estrechando cada vez más.

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Hubo alguna zeta apuradilla, y además la senda se había derrumbado en algún punto, pero ayudándonos salimos del paso.

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Algunos tramos eran realmente vertiginosos, al menos para mí, porque Toni lleva pegamento en los neumáticos y se lanza por cualquier sitio.

Algún vecino nos miraba con cara de estupefacción cuando conseguimos llegar a las primeras calles del pueblo. Seguro que le ofrecimos un buen espectáculo.

Estábamos muy cerca de llegar al valle del XXXX. Sólo nos quedaba una útima tirada hasta Perm, allá abajo, y al fondo, las cimas nevadas por donde rodamos sólo unos días antes.

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Encontramos alguna bajadita inofensiva para entretenernos muy del agrado de mi compañero

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y bastante menos divertida para mí, ¿qué se le va a hacer si sólo me gusta subir?

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También algúna alambrada con cierto peligro, donde Toni quedó enredado casi igual que Steve McQueen en La Gran Evasión.

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Paramos lo justo en un bar para comer unas hamburguesas y muy pronto nos vimos chapoteando rumbo oeste por los animados barrancos de la zona.

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Las últimas precipitaciones habían recargado riachuelos y fuentes, y como resultado todos los cursos de agua estaban exultantes y, el terreno, en su punto exacto de humedad.

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Diversión no echamos en falta, pero a medida que caía la tarde, el sol poniente comenzó a cegarnos.



 Si bien la ruta experimental la habíamos hecho por la mañana en sentido este, el retorno, aunque conocido, se nos iba a hacer demasiado largo.

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Quedaban por delante muchos kilómetros de senda hasta Suerte de la Mañana, incluyendo el divertido ascenso al Coll de Wimet y mucho más.

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En el pueblo merendamos unos Colacaos y ya sin apenas luz tiramos por las ruinas del GR local con intención de llegar hasta donde nos fuera posible.

Estábamos ya prácticamente a oscuras en un tramo especialmente difuso del GR (ya digo que su estado es ruinoso)

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cuando en la lejanía distinguimos la luz de una casa y una silueta humana. Sin duda el dueño de la mansión nos estaba observando evolucionar por las que probablemente eran sus tierras.

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Se trata de un paraje remoto y desangelado donde seguir el curso del sendero, prácticamente tragado por la vegetación, es especialmente complejo. Rodeamos la casa por una ladera deshecha por la izquierda, pero no existía escapatoria. Fue entonces cuando entablamos contacto con el misterioso observador, quien nos recomendó a gritos que saliéramos por nuestra derecha. No sé cómo me las arreglo, pero en este extraño lugar siempre me pierdo y nunca recuerdo cual es la escapatoria correcta. ¿Será un triángulo de las Bermudas de secano?

Cuando salimos al camino cercano a la casa ya era noche cerrada, aunque la luna llena de la semana santa iluminaba con fuerza las colinas donde nos encontrábamos. Sabedores de que por cuestiones de luz la excursión endurera terminaba allí, fuimos al encuentro del granjero para agradecerle sus indicaciones y para pedirle consejo sobre la mejor ruta para volver a nuestra base.

-¿Pero adónde vais por aquí? (Medio riéndose, medio alucinado de que dos tarados en moto se presentaran en su apartada casa la noche del martes santo).
-Gracias por orientarnos. Vamos hacia La Puebla de Dora, pero se nos ha hecho un poco tarde. ¿Cuál es la mejor ruta hacia allí?
-Seguid la pista hasta la casa de mi vecino. Después, llegaréis a un puente. No lo crucéis; tomad antes el desvio a derechas por un camino en muy mal estado...


La casa del vecino resultó ser un gran rancho fortificado. Una gigantesca barrera bloqueaba el camino, y no había manera de sortearla por ningún sitio. Dimos vueltas por el recinto buscando a alguien que nos abriera el portón pero no hallamos ser humano alguno a pesar de que había una hoguera encendida en la puerta de una de las granjas y luces en una vivienda, pero nadie atendió a nuestros gritos. Misteriosamente, los perros que salieron a nuestro encuentro se mostraron silenciosos y reservados ante nuestra presencia. Recorrimos las alambradas que rodeaban el rancho pero aquel recinto era inexpugnable. ¿Qué hacer? ¿ Volver atrás y salir por las feas sendas que llevaba guardadas en el gps y que por prudencia habíamos decidido evitar en la noche? Por suerte, haciéndonos estas preguntas junto al portón, vislumbramos en la pared un interruptor que, efectivamente, activaba el motor de apertura de la gran reja. ¡Salvados!

Algo helados, y tras unos 20 kms de caminos por solitarios parajes, llegamos al hotel cerca de las 9.30.

FIN DEL DÍA 3