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miércoles, 18 de marzo de 2015

25 DÍAS EN LOS BALCANES - DÍA 24. DUBROVNIK - TRILJ. 300 kms

DÍA 24. DUBROVNIK - TRILJ. 300 kms

Fue una decisión magnífica quedarme a descansar en Dubrovnik todo un día , porque estuvo lloviendo a mares ininterrumpidamente. Aproveché el parón para escribirle a Marija, la gerente del cámping de Grabovac donde había dejado aparcado el coche hacía ya casi un mes, y anunciarle mi inminente llegada en menos de 24 horas. Recordaba que me había enviado un mail algo alarmada cuando estaba todavía por Grecia.

Querido Ignacio: dejaste el coche en nuestro cámping. ¿Cuándo piensas volver a recogerlo? Creía que volverías en un par de días a por él y ya han pasado más de dos semanas. Me pregunto dónde estarás.
Marija.
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Querida Marija: creo que debe tratarse de una confusión. Dije que tardaría "por lo menos dos semanas", no "dos días". Ya estoy volviendo a casa, ando por las montañas del norte de Grecia, no me queda casi nada hasta Croacia :lol:. Para final de mes calculo que estaré ahí. Siento las molestias.
Ignacio


Se portaron de maravilla conmigo. A pesar del malentendido cuando llegué al cámping me recibieron con una sonrisa y además me cobraron una miseria por guardarme coche y remolque casi un mes entero.

Pero no adelantemos acontecimientos. De momento había planeado una plácida penúltima jornada de viaje a lo largo de la costa de Dalmacia. Daba pena marcharse de Dubrovnik, especialmente aquella espléndida mañana post-lluvia torrencial.

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Demasiado tarde, ahora que me iba, gracias a un letrero junto a la carretera, por fin aprendí la correcta pronunciación de mi cerveza croata favorita.

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En fin, pensé, nunca es tarde para ampliar mi reducidísimo léxico serbo-croata. Y con estas meditaciones nostálgicas ahora que el viaje se aproximaba a su fin pasé la mañana, con la mirada perdida en los numerosos canales que forma el Adriático entre una infinidad de islas.


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La costa dálmata es preciosa, salta a la vista. Lástima que las playas suelan ser de guijarros, !qué daño!

A pesar del creciente turismo todavía quedan unos pocos rincones desiertos donde no llega nadie y puedes rodar en soledad con un paisaje de fondo siempre espléndido.

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A lo sumo te encontrarás con alguno de los sempiternos VW que, inevitablemente, te aguardan siempre en un recodo del camino.

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Por la tarde preferí alejarme un poco de la costa y circular por caminillos siempre en paralelo a la carretera principal. Se notaba que empezaba la operación salida y las vías normales estaban en plena ebullición. Cometí el error de acercarme a Omis para ver el desfiladero que forma allí el río Cetina y huí espantado de la aglomeración turística que hallé. Retrocedí hacia el interior, más concretamente hasta las silenciosas ruinas del catillo de Nutjak sobre el Cetina.

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Y como el día no daba para más, me detuve en Trilj para pasar la última noche del viaje. Por fin se iba a acabar eso de hacer y deshacer el equipaje cada noche y cada mañana.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Re: 25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 23. NIKSIC - DUBROVNIK. 140 kms

DÍA 23. NIKSIC - DUBROVNIK. 140 kms

Callejeando aquella mañana me encontré con el Dom Revolucije de Niksic, la casa de la revolución, inconcluso y fastuoso complejo arquitectónico dedicado al enaltecimiento del socialismo y a la victoria sobre los nazis. Las obras se detuvieron en el 89. Malamente, todavía resiste.

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Poco después ya estaba circulando por las orillas del lago Slansko

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donde me propuse seguir el trazado de un antigua vía ferrea mientras me fuera posible.

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Así que fui pasando por muchas estaciones en ruinas,

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brechas entre las rocas

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y túneles apenas distinguibles entre la maleza.

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A veces el trazado feroviario había sido engullido por la carretera y entonces tocaba rodar sobre asfalto; otras veces, el paso estaba bloqueado a conciencia, con alambre de espino, señales de stop, prohibido, calaveras y otros letreros que fui incapaz de entender.

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Por si las señales no eran inteligibles, colocaron un proyectil ligado en la misma valla para dejar bien claro que no querían intrusos.

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No sé qué tendría de especial la antigua estación de Trubjela. En la imagen de satélite se ve que después de la derruida estación hay otros edificios más grandes y algunos depósitos. Siempre suceden cosas raras en las zonas próximas a las fronteras, está visto.

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Dejé Montenegro y una vez en Bosnia hubo más renuncios. Entre Lastva y Trebinje la vía dicurría junto al río Trebisnjica.


Me abrí paso entre la vegetación y las telarañas, pero progresivamente los arbustos me fueron cerrando el paso hasta que ya no pude más.

Mucho más gratificante fue atravesar un túnel y cruzar inesperadamente a la otra orilla del Trebisnjica.


No me lo esperaba. Me encantó la transición del túnel al puente y contemplar de golpe la curva de ballesta del río y la silueta de las montañas de fondo. Tras la sorpresa inicial di marcha atrás hasta el inicio del túnel y volví a dar otra pasada a toda mecha para experimentar el shock oscuridad-luz-velocidad-vértigo a más pulsaciones por minuto :lol: .

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En Trebinje acabaron mis aventuras por la línea férrea, con muchos retrocesos y desvíos, a ciegas por los túneles o rodando por la carretera, pero también con satisfacciones puntuales que hicieron que mereciera la pena perder tiempo buscando el rastro del ferrocarril.

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Camino de Dubrovnik me di cuenta de que todavía llevaba algún recuerdo de mis incursiones por la selva.

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Un poco más adelante, este bello monumento dedicado a un compañero recientemente fallecido me hizo recordar que el peligro siempre está al acecho. Si os esforzáis, en el carenado pueden leerse tres letras: CBR.

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Pero se me olvidó rápidamente lo del peligro, no tengo remedio. Había planeado llegar a Dubrovnik por caminos y sendas pasando por la aldea de Ljekova. Lo intenté por varios sitios pero no hubo manera, la vegetación acababa por cerrar todas las vías. Al final hablando con un aldeano entendí el porqué. En realidad solo entendí una palabra que repetía muchas veces, porque mis conocimientos del serbocroata se limitaban a tres palabras: jezero (lago), benzin (gasolina) y pivo (cerveza). Gracias a la insistencia de este hombre conocí otra: mine. Aunque en el cartel que encontré más tarde descubrí que mina también se puede decir pazi.

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Dejé de jugar con fuego, volví a la carretera, entré en Croacia como las personas normales, o sea, por carretera, y a media tarde alcancé Dubrovnik.

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No me atraen las multitudes pero la ciudad me gustó tanto que, tras 23 días en moto, decidí darme un gustazo y me quedé allí un día entero para disfrutar del ambiente.