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sábado, 10 de abril de 2010

MARRUECOS 2010. SEIS DÍAS POR EL SUR. PRÓLOGO.

PRÓLOGO. 26-03-2010
El viernes 26 de marzo salí con coche, remolque y moto desde Tortosa camino de Algeciras; por delante unos 950 kms en solitario hasta encontrarme con Amarok y Richy en la terminal de embarque a las doce de la noche. Este trayecto inicial lo afronté con bastante margen de tiempo, sin prisas, regulando fuerzas a la espera de la siguiente etapa maratón por carreteras marroquíes, famosas por su irregular estado así como por la poca seriedad de sus usuarios al volante. Llegué con una hora de adelanto a Algeciras, así que me tocó esperar hasta la medianoche, cuando aparecieron mis compañeros gallegos que venían desde Vigo. Una vez hechas las presentaciones de rigor en el muelle (Richy y yo no nos conocíamos más que vía mail), embarcamos los dos coches con sus respectivos remolques y motos. La arribada a Ceuta se demoró hasta más allá de la una de la madrugada; cansados del viaje cruzando buena parte de España, y sin dirhams en los bolsillos, decidimos pernoctar dentro de los coches en una explanada a la orilla del Mediterráneo en las proximidades de la aduana. El objetivo era no perder tiempo por la mañana: con el alba salir raudos hacia la frontera, cambiar moneda, soportar estoicamente el lento papeleo de los agentes de aduanas marroquíes y carretera y manta hacia Tagounite, al sur del país y a las puertas del Sahara.
Pasando por Tánger, Rabat y Casablanca, hasta Marrakech restaban unos 750 kms de buena autopista; después conduciríamos unos 200 kms por una carretera nacional hasta Ouarzazate, y los últimos 150 kms hacia Zagora y Tagounite discurrirían por carreteras menos importantes.
Lo peor de la ruta fue el larguísimo puerto de Tizzi-n-Tichka, justo tras abandonar la autopista en Marrakech. Este collado sube hasta los 2260 metros de altura cruzando la cordillera del Atlas, y el tráfico de camiones ralentiza la velocidad hasta la desesperación. Las rampas son suaves, pero el trazado es muy sinuoso e irregular, con estrechamientos de la calzada que te obligan a veces a detenerte en algunas curvas pronunciadas para que pasen dos vehículos que se cruzan.
Al final, imitando a los conductores locales, acababas adelantando en tramos de dudosa visibilidad con tal de superar al camión de turno. En el descenso, más de lo mismo: camiones lentísimos cargados hasta los topes tirando de frenos bajando a menos de 10 km/h. El puerto es exótico de veras: no hay gasolineras en unos 150 kms, la gente adelanta en plena curva, apenas hay poblaciones, los barrancos son de vértigo, y en la zona más elevada los vendedores de fósiles y pedruscos copan las cunetas. El avance es penoso, pero no aburrido.
Esta travesía del Atlas nos hizo perder mucho más tiempo de lo esperado, de manera que llegamos reventados a Tagounite pasadas las 12 de la madrugada. Para colmo de males, el hotel donde teníamos pensado alojarnos estaba cerrado, así que anduvimos otros 25 kms en dirección sur hasta M’Hamid, donde en el hotel Tabarkat tuvieron la gentileza de acogernos a aquellas intempestivas horas. Este hotel sería nuestro campo base durante los próximos seis días. Desde aquí realizaríamos excursiones hacia Merzouga y las dunas del Erg Chebbi, al noreste, o Foum Z´Guid, al oeste; seguiríamos el cauce seco del Draa y rodaríamos a través del extensísimo lago Iriki.