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viernes, 20 de abril de 2012

ALENTEJO TRAIL 2012. EPÍLOGO

ALENTEJO TRAIL 2012. EPÍLOGO

Se acababan las vacaciones y llegaba el buen tiempo. Cargando las motos en el remolque casi pillamos una insolación.




Lo cierto es que la meteorología tampoco resultó tan adversa, tuvimos días nubosos y frescos en general, pero cuando llovió fue brevemente o por la noche. El campo lo encontramos menos húmedo de lo esperado y realmente le hacía falta un riego urgente, así que tampoco tenemos derecho a quejarnos mucho. Sinceramente, de todo el viaje, lo único que no me gustó fueron los largos tramos por carreteras rectas, aburridísimos; lo demás, todo perfecto.

Llegó el momento de dejar atrás la base de operaciones de aquellos siete días,




y cruzar definitivamente el límite entre países para volver a casa,




previa parada en Candeleda para visitar a mi amigo Fernando y, cerveza en mano,




reflexionar sobre todo lo bueno que habíamos vivido durante el viaje.

Y para el recuerdo, y a modo de resumen visual, me guardo este par de fotos para la galería.









El track, aquí: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2703854

jueves, 19 de abril de 2012

ALENTEJO TRAIL 2012. DÍA 6. ELVAS - IDANHA NATURA

ALENTEJO TRAIL 2012. DÍA 6. ELVAS - IDANHA NATURA. 260 KMS

Y llegamos al último día. Para compensar los kilómetros que no hicimos la primera jornada, la más corta de todas, debíamos hacer este esfuerzo final que nos permitiría llegar al hotel donde dejamos el remolque hacía ya una semana.

La noche anterior recalamos en un hotel algo finolis, pero lejos de no admitirnos por nuestras pintas polvorientas y sudorosas, nos trataron la mar de bien. Sin siquiera pedirlo nos abrieron el patio para aparcar las motos dentro del recinto del hotel. Las DRZs durmieron seguras, ¡a ver quien era el guapo que abría aquel portalón!




Marchamos de Elvas no sin dificultad, pues costó encontrar una vía de salida entre la murallas del fuerte. 
 


Por fin tuvimos un día soleado y con temperaturas aceptables, lástima que ya estuviéramos cerca de concluir el viaje. Los primeros kilómetros hasta Campo Maior, casi siempre por asfalto, fueron más bien frescos, pero cuando por fin llegamos a las pistas que desde Arronches nos conducirían a la serra de San Mamede, la temperatura mejoró rápidamente. Fue en un bosquecillo de eucaliptos poco antes de llegar a la sierra cuando atropellé a una serpiente y la partí en dos, suceso que mi compañera me comentó por el interfono con cierta emoción. Yo no sé qué tienen esos bichos que no gustan a casi nadie.


.

La sierra había que cruzarla un par de veces. Circulamos por el lomo de la montaña,




para bajar a un valle




y volver a subir de golpe




hasta este curioso arbolote.




Marta quiso echar un vistazo más detenido y ver si había alguien en casa, pero no, habían salido.




Camino de Sao Salvador de Aramenha la pista empezó a estrecharse




hasta desembocar en un sendero entre matojos



que tras cruzar un riachuelillo




nos devolvió a la pista principal.




Más tarde, en Marvao, un pueblito amurallado de calles estrechísimas tuvimos un encontronazo con los agentes de la Guarda Nacional Republicana. Nos los cruzamos de frente y vinieron a por nosotros, uno de ellos con el talonario preparado en la mano. Lo primero que hicieron fue echar un vistazo a las matrículas y no sé si fue eso lo que nos salvó de ser multados o lo que les atrajo para ver si podían recetarnos. El guardia argumentaba que no se podía entrar con vehículos a motor por el pueblo (aunque había coches aparcados allí mismo donde nos encontrábamos) y que había señales que así lo indicaban. Yo le insistí en que por donde nosotros habíamos entrado no había ninguna señal (lo comprobé al salir otra vez), y que habíamos cumplido con todas las señales (yo quería haber subido al pueblo por una calzada romana, pero había señal de prohibido). Yo creo que el guardia se dio cuenta de que no éramos unos salvajes y al final pasó de nosotros.

Nos largamos de Marvao con viento fresco y volvimos a los líos metiéndonos por un camino que se convertía en una senda muy deshecha, donde coincidimos con unos senderistas ingleses. Intercambiamos algunas impresiones con ellos, que si nos dábamos la vuelta porque lo veíamos muy difícil y tal, y el hombre va y me saca un plano con rutas marcadas recomendándome esta o aquella porque para las motos sería más fácil, pásmate.

Reculamos y echando mano de la escasa información de caminos que me ofrecía el mapa cargado en el gps (http://garmin.openstreetmap.nl/) conseguimos recuperar la ruta perdida a través de una maraña de caminillos que se entrecruzaban entre sí.




Volvimos a entrar en España temporalmente, rodando por pistas confortables pero por desgracia para el que iba detrás, muy secas y polvorientas.




En Valencia de Alcántara nos concedimos una pausa para repostar, merendar unos pinchos, y seguir rumbo noreste. La fortuna fue importante a la hora de afrontar la sucesión de fincas y puertas que nos encontramos posteriormente.




En una ocasión nos encontramos al guardián de la finca durmiendo la mona en su coche junto a la puerta de entrada. Salió tambaleándose y con voz aguardentosa nos dijo que le habíamos despertado, pero en vez de mosquearse nos abrió y cerró el mismo la puerta deseándonos buen viaje. Por contra, algo más adelante, una finca vallada llena de ciervos nos bloqueó el camino, y como no eran horas de enfrascarnos en exploraciones, optamos por circular algunas leguas por carretera. Sólo cerca de Alcántara pudimos volver a hacer algún tramo de pista.



La re-entrada a Portugal fue asfáltica, y ya poco o nada de offroad quedaba hasta Idanha, un corto tramo de pistas cerca de Zebreira y poco más. Aún tuvimos ocasión de cruzarnos con un par de zorreznos y de jugar con las motos en alguna subida facilona,




pero podía decirse que aquello estaba ya liquidado.

Una semana y 1200 kilómetros después, volvimos al punto de salida. Yo aún tuve ganas de darme una vuelta de despedida por la crono del hotel, un digno final para aquel entretenido viaje por el Alentejo.


ALENTEJO TRAIL 2012 DÍA 5. SERPA - ELVAS

ALENTEJO TRAIL 2012 DÍA 5. SERPA - ELVAS. 240 KMS

La penúltima jornada comenzó con el penoso ritual de engrasar las cadenas y empaquetar bártulos.



A continuación otro ritual más grato, el de alimentarse sin fin en el buffet del residencial para poder llegar con energías a Elvas, nuestra meta para aquel viernes santo.

Para empezar recorrimos casi cien kilómetros de asfalto por carreteras vecinales en dirección a la frontera española. En una carreterucha de aquellas nos topamos con un imitador de El diablo sobre ruedas, aquella película de Spielberg sobre un perturbado a los mandos de un tráiler que sembraba el terror allá por donde pasaba. En este caso el psicópata conducía una modesta furgoneta, pero exactamente por el centro de la estrecha carretera cercana a Santo Aleixo da Restauraçao. Comentamos por los intercomunicadores que esperaríamos el tiempo necesario para poder rebasarle sin riesgo y así anduvimos bastantes kilómetros a su estela. El primer coche que se cruzó con él pagó cara la osadía de no apartarse lo bastante, y su retrovisor saltó por los aires roto en mil añicos. Al menos el golpetazo sirvió para despertar de su letargo al sucedáneo de criminal de la carretera, que se detuvo en el arcén suponemos que para arreglar papeles con el conductor del coche mutilado.

Una vez con el camino expedito avanzamos rápidos hacia el castillo de Noudar, aunque nuestra primera tentativa de alcanzarlo se frustró pronto, ya que al poco de internarnos por una finca ganadera fuimos despachados con ademanes airados de sus propietarios. Tampoco era para ponerse así, pero bueno, optamos por el plan B de acercarnos hasta Barrancos y seguir la ruta estándar hasta la fortaleza.




Pongo una foto de archivo del castillo, para que se vea su majestuosidad, erigido en la confluencia de dos ríos.




Dentro del recinto existe un pequeño poblado, una capilla y una imponente torre del homenaje.




En teoría deberíamos haber llegado cruzando el río de la izquierda, pero no nos dejaron.




Mientras recorríamos el perímetro del castillo, analizamos la siguiente jugada,




que no era otra que cruzar la frontera fluvial para pasar a España, franqueando el río Ardila,




que en aquellas latitudes apenas llevaba agua, no como en el clásico vado cercano a Santo Amador, donde es casi imposible pasar al otro lado sin ahogarse.

Fue volver a nuestro país y empezar a llover, menuda bienvenida.







Sin posiblidad de guarecernos en medio de los encinares extremeños, aguantamos el tipo




hasta llegar a la gasolinera de Valencia del Mombuey. Nos la encontramos cerrada, y para fastidiarnos un poco más, fue ponernos a cubierto, dejar de llover y salir tímidamente el sol. La coyuntura sugería que hiciéramos una pausa para comer unas barritas y de paso extender los impermeables al sol, que ya iban calados desde hacía rato.

De camino hacia el norte, las atracciones que encontramos fueron en forma de rebaños bovinos




y acueductos vetustos.







En Alconchel repostamos por fin, y el dicharachero gasolinero nos comentó que el campo andaba algo triste y reseco aquel año de lluvias escasas. A tenor de lo que vimos no le faltaba razón, pero también fue mala suerte que nos sorprendiera un chubasco precisamente a nosotros que no solemos pasar mucho por allí.




Una vez superada Olivenza nos fuimos dirección oeste, de nuevo rumbo a Portugal,




pero a poco de alcanzar la frontera una sucesión de puertas cerradas con candado nos tuvo dando vueltas un tiempo considerable. Con paciencia pudimos salir de la ratonera, y, aunque algo más tarde de lo previsto, finalmente alcanzamos las orillas del Guadiana.




En el puente de Ayuda, falto de mantenimiento desde hace siglos, hubo que echar el freno,




y darse la vuelta para cruzar por otro puente algo más moderno.




En la orilla portuguesa nos aguardaba un campamento pascuero en ebullición, con infinidad de gente acampada, hogueras, un niñato con una ruidosa minimoto dando la brasa, un chuleta dando paseos frenéticos en su quad a las insensatas chavalas que se atrevían a subir con él, etcétera. Nuestra ruta pasaba justo por el medio de dicho campamento, así que no desentonamos lo más mínimo.

Ante la atenta mirada de algunos de los acampados, tuvimos que superar algunas discontinuidades inesperadas.




Siguiendo la ribera hacia el norte avanzamos por unos caminejos deshechos y por prados llenos de roderas y agujeros por donde pastaban decenas de vacas. Aquí la liamos más de lo previsto, pues superamos la complicada zona vacuna para llegar a una serie de fincas donde siempre una puerta cerrada nos impedía proseguir. Insistimos una cuantas veces probando caminos alternativos, hasta que nos dimos cuenta de que estábamos metidos en una buena ratonera. La tarde caía y nos conformábamos con poder retroceder a tiempo sobre nuestros pasos sin quedarnos encerrados en aquella trampa. Cansados tras un largo día en la carretera y los caminos, lo único que queríamos era escapar y llegar de una vez a un hotel. Otra vez volvimos a cruzar el territorio vacuno, despacito y sin armar escándalo, para finalmente atajar por pista hacia la carretera que nos conduciría hasta Elvas, donde por fin pudimos descansar.

martes, 17 de abril de 2012

ALENTEJO TRAIL 2012 DÍA 4. ZAMBUJEIRA DO MAR - SERPA

ALENTEJO TRAIL 2012 DÍA 4. ZAMBUJEIRA DO MAR - SERPA. 190 KMS
Durante la noche calló un buen chaparrón. A veces los turbiones eran tan violentos y ruidosos que te impedían conciliar el sueño. Nos dormimos deseando que al amanecer el mal tiempo hubiese desaparecido, porque con semejantes trombas de agua no habríamos llegado a ninguna parte.

Esta vez el desayuno fue más frugal de lo acostumbrado, pero a cambio también tuvimos una ruta menos exigente. Salimos desde Zambujeira rumbo a Odemira bajo un cielo permamentemente gris, con los chubasqueros enfundados para protegernos de un sirimiri intermitente que duró buena parte del día. Un larguísimo trecho de asfalto nos condujo por tortuosas y solitarias carreteras hasta las inmediaciones de Luzianes-Gare y la presa de Cortebrique, donde conectamos con el trazado de la Transportugal y donde realmente empezaba la acción offroad.




Desde Cortebrique hasta cerca de Aldea das Amoreiras encontramos los bosques más frondosos y húmedos de todo el viaje. La densa red de pistas y cortafuegos nos hizo dudar en más de un cruce, pero en general recuerdo la zona como una de las más gratificantes por las que pasamos.

Enlazamos hasta Garvao por carretera, y de nuevo cruzando campos y líneas de ferrocarril




nos acercamos hasta el embalse do Monte da Rocha, lugar donde empezaba una ruta algo experimental que nos permitiría evitar unas cuantas decenas de aburrida carretera nacional dejando Ourique a un lado. Dicha ruta nos llevó primero por la vía de servicio de la nacional, luego por unas cuantas fincas, para más tarde cruzar la autopista por un puentecillo, siempre con destino Castro Verde. Fue en la vía de servicio de la autopista cuando coincidimos con un convoy de casi veinte 4x4s españoles, suerte que les vimos venir de frente y nos apartamos para dejarlos pasar. Como la moto de Marta iba ya en reserva decidí prescindir de los últimos kilómetros de mi ruta experimental y seguir las rodadas de los todoterrenos, que seguramente venían desde Castro Verde. Al seguir su rastro nos topamos con dos vallas tiradas por el suelo y no quiero pensar que fueran nuestros compatriotas los responsables del desaguisado.

A la gasolinera de Castro Verde llegamos previo paso por una finca superpoblada con infinidad de bóvidos de todos los calibres. Fue uno de aquellos momentos en que le vas suplicando a la moto: "por lo que más quieras, no te pares", sobre todo mi compañera, que iba en reserva desde hacía ya un buen rato. Pasamos el mal trago y una vez pertrechados de combustible proseguimos por las monótonas rectas de la nacional hasta un poco más allá de Albernoa. Dejamos el asfalto para internarnos por campos de cereales,




donde la vista y la imaginación se perdían en la inmensidad.




Aquellas relajantes vistas continuaron todavía unos minutos, hasta que volvimos a meternos por otros vericuetos alentejanos.




En las cercanías de Cabeça Gorda los extensos campos verdes de cereal se trocaron en otros de desconocidos vegetales.




Menudos contrastes.




Nos encontrábamos cerca del final de etapa, Serpa, sólo nos quedaba cubrir un trecho por las riberas del Guadiana y cruzar a la otra orilla, previo paso por una vía férrea en desuso.




Desistí de cubrir los metros finales por encima de las traviesas o por el lado de la vía. El año pasado estuve a punto de arrearme una buena cuando se me enganchó una de las alforjas en un poste de acero cubierto por los arbustos, así que busqué un caminillo de ribera, cruzamos por el puente grandote que se ve en la fotografía y nos fuimos a descansar al residencial Serpinia http://www.residencialserpinia.com/, un hostal con todo lo que desea un motorista al final del día: cama, ducha, buffet de desayuno y párking.

Esta fue una etapa fea: cielo gris, llovizna, mucha carretera, largas rectas, frío... Al menos la baja dificultad y el escaso kilometraje nos permitieron reponernos de los excesos de la jornada anterior. Es lo que tiene un viaje de estas características, hay días para disfrutar y otros para aburrirse.
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