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martes, 30 de agosto de 2016

BALCANES 2016. DÍA 4. NIS-SURDULICA. 22OKM

DÍA 4. NIS-SURDULICA. 22OKM

El memorial Bubanj situado en una colina inmediata a Nis es actualmente una zona de picnic y esparcimiento, pero durante la guerra los nazis utilizaron el lugar regularmente para fusilamientos masivos.



Cerca de 12000 personas fueron asesinadas allí. Los tres puños recuerdan la resistencia de hombres, mujeres y niños.



El estilo del monumento podrá gustar más o menos, pero desde luego el efecto que causan los tres obeliscos es tremendo.

Dejé Nis atrás y continué internándome en la Serbia central, concretamente en las montañas Suva, donde debí perder las gafas en un despiste. Un detalle que podría haber carecido de importancia de no ser por los millones de insectos que pululan en verano por la zona.

En fin, mi ruta transcurría a media paralela a una larga cresta montañosa a lo largo de vías de saca forestal.


Justo cuando empezaba el descenso hacia la llanura de Bela Palanka, me encontré con que la pista estaba bloqueada por una barrera rústica.


Esto sucedió a hora temprana, así que decidí insistir, era demasiado pronto para rajarme. Desmonté la barrera y seguí adelante por camino en vía de senderización por falta de uso. Algún paso estrecho y la endemoniada vegetación me hicieron dudar varias veces de si conseguiría salir del atolladero, pero al final mi insistencia tuvo premio. Progresivamente aparecieron huellas de civilización, es decir, rodadas de camión en el camino, y pronto me vi cruzando campos y granjas camino de Bela Palanka.


En la ciudad tomé unos refrescos antes de volver a las montañas Suva, esta vez para cruzarlas definitivamente y marcharme directo al sur. Con el caos logístico que llevaba desde que salí de Croacia, se me pasó por alto visitar un centro de telecomunicaciones en Sljivovacki, una cima cercana, bombardeada por la OTAN durante la guerra de Kosovo. Es lo que sucede cuando llevas tantos tracks cargados en el gps.


Mi guerra, afortunadamente, era otra y se libraba pacíficamente en los bosques cercanos

en ambientes dignos de la Arcadia. 

El descenso hasta el siguiente valle fue por laderas menos tupidas que las de la mañana, 


aunque el relax me duró suspiro pues la bajada se prolongó un buen rato por resbaladizos surcos de gravilla. Vamos, que me alegré de llegar al asfalto, echar la vista atrás y enterarme medianamente de por dónde había venido.


A la que me crucé con el río Vlasina a la altura de Svodje, paré a darme un chapuzón para bajar la temperatura corporal y la tensión acumulada.


La sólida MZ de un bañista que andaba por allí.


Con energías renovadas me dirigí a Crna Trava por una ruta demencial. Siete kilómetros de ascenso por camino deshecho que en última instancia no sirvieron para nada más que para desgastarme justo al final de la tarde cuando más fatigado estás. El camino acabó por desaparecer y las hierbas cada vez eran más altas. Seguí un rato por un mar de plantas y arbustos, pero no tardé en abandonar porque no quedaba tiempo y porque los tallos de los vegetales superaban la altura del depósito y no veía ni jota.


Fue una pena. Más tarde comprobé que tampoco faltó tanto para conectar con un camino de verdad, y el recorrido que me esperaba era precioso. Salvé lo que pude del track y me encaminé por asfalto hacia Surdulica, el día no daba para más.

lunes, 29 de agosto de 2016

BALCANES 2016. DÍA 3. KRAGUJEVAC-NIS. 250 KM

DÍA 3. KRAGUJEVAC-NIS. 250 KM

Desperté como si me hubiera pasado un tranvía por encima. Ya no recordaba el cansancio que podía producir un día intenso de moto por montañas y bosques. Superar bien el segundo día es crucial porque el resto de jornadas ya no puedes estar mucho más cansado, vaya consuelo. Tal vez me había descuidado con la hidratación, quién sabe, así que en la primera gasolinera que me salió al paso tomé mi primera Jelen para empezar fuerte. Con ánimos renovados me fui directo a las montañas Kucajske, a ver qué sucedía en su interior.


Sucedía que allí pocos habitantes moraban, y el único que encontré bien me roció de polvo.


  
Ya digo, todo estaba bastante tranquilo, como la gasolinera abandonada allá en una solitaria encrucijada de caminos.


Con unos pocos dinara habría conseguido un buen número de litara, pero seguramente hacía ya muchos años que habían dejado de servir combustible.


Más y más bosques, generalmente por pistas secas y sin mayores problemas, 



hasta que llegué a las inmdiaciones del pico Ratanj, una pirámide prácticamente perfecta en la que se ocultan tesoros, aeropuertos para ovnis y donde la gente se concentró en masa para esperar el fin del mundo anunciado por los mayas allá por 2014. 



Yo tuve que bordearlo por el oeste a través de un camino selvático de los que tanto abundan en el país. En Serbia, aunque el camino esté cubierto por la vegetación, hay que seguir mientras puedas, porque el camino realmente esta ahí, sepultado, pero existe. Otra cosa es que te la pegues en el intento, que acabes atrapado entre los espinos, que acabes harto de las arañas, o que sencillamente no tengas tiempo o paciencia suficiente para avanzar a ritmo de tortuga por la selva balcánica.

Finalmente llegué a Nis, dode tenía previsto visitar otro spomenik, pero eso sería a la mañana siguiente.

domingo, 28 de agosto de 2016

BALCANES 2016. DÍA 2. BELGRADO-KRAGUJEVAC. 300 KM

DÍA 2. BELGRADO-KRAGUJEVAC. 300 KM

Para coger feeling, nada mejor que tirarme todo el día encima de la moto, hasta que se hizo completamente de noche. Salí directo para Kosmaj, siguiendo las indicaciones de "carretera en obras" habituales por aquí, con su típico fondo de color amarillo.

El asfalto duró más tiempo del deseado, pero cuando llegamos al bosque, la inmersión fue total.


En esta zona de Serbia me sorprendió una vegetación exuberante y que prácticamente engullía los caminos. Se me había olvidado lo que era circular entre arbustos y hierbajos que te impiden ver dónde pisas durante kilómetros; otras veces los profundos surcos y zonas embarradas me obligaron a remar con intensidad, siempre con la duda de si me iba a atascar en alguna poza de barro semioculta.

Familiarizado ya con el terreno y los sudores, no tardó en caer la primera Jelen, "ciervo" en serbio, pero también nombre de la cerveza más popular en la zona.

Rehidratado con 500cc de lager, seguí hacia el sur para visitar uno de los alucinantes "spomenik" (monumento en serbo-croata) hechos de hormigón y con semblanza futurista construídos durante el período socialista que todavía resisten en la antigua Yugoslavia. El de Kosmaj se erige en una colina boscosa y honra la memoria de los partisanos que defendieron la capital de los invasores nazis.


Como muchos otros spomeniks, su estado de conservación es precario, parece que su antiguo significado y su arriesgada estética no dicen mucho a las autoridades actuales. Aún así, unas coronas depositadas allí cerca daban muestra de que no todo es olvido.


Más adelante tocaba rodar junto al río Kolubara, pero no por su ribera, sino por las crestas de unos interminables diques cubiertos de espesas hierbas que ocultaban trampas por doquier. La foto es mala, pero para hacerse una idea, sirve. 


En Mionica, parada estratégica para proveerse de líquidos y, de paso,familiarizarse con la arquitectura ortodoxa. Por el camino alguna bendición me cayó, pero no sé si con mucho efecto.

Dejé atrás las tierras bajas para encaminarme hacia las montañas Maljen, en cuyas praderas amarillas acabé por perder el rumbo.


Insistí un tiempo rodando por la meseta, pero comprendí pronto que hayar la traza del camino dependía de la suerte de si un tractor había rodado recientemente por allí. La vegetación agostada lo engullía todo, y navegar por el prado a tientas tenía un límite. No hubo más remedio que salir a la carretera que iba a Divcibare e improvisar un largo rodeo hasta cerca de Kragujevac, donde me esperaba una última sección boscosa entre las últimas sombras.


En Kragujevac pensaba visitar otro spomenik, el memorial Sumarice, donde, confundido, aterricé ya de noche, por carretera prohibida a aquellas horas y violando el silencio de los numerosos paseantes. En fin, otro hecho innoble en mi haber.

sábado, 27 de agosto de 2016

BALCANES 2016. DÍA 1. SLAVONSKI BROD - BELGRADO. 260 km

DÍA 1. SLAVONSKI BROD - BELGRADO. 260 km
El trayecto entre Slavonski Brod y Belgrado sería finalmente el mango de la sartén de todo el circuito, y habría que repetirlo a la vuelta. Bien, no era más que un cómodo trecho básicamente sobre asfalto a través de la llanura que conecta Croacia con Serbia. No me gusta nada rodar sobre alquitrán ni las capitales, pero la urgencia por coger la moto de una vez pudo más que mis manías.
Por la mañana acordé con Mladen, el encargado del  Moto Klub Brod, la custodia del coche y remolque hasta mi regreso.

-¿Viajas solo? ¿Cuándo tienes previsto volver?
-Calculo algo más de cuatro semanas, depende de la suerte, las averías, el miedo o si me canso antes de tiempo, ya se verá.
-Entiendo, la fortuna es decisiva en un viaje así. Tú por si acaso déjame las llaves del coche. Lo guardaré en una nave el tiempo que haga falta.


Los inicios suelen ser caóticos. Extrañas la moto, el equipaje te balancea en exceso, el gps parece que se atasca, no encuentras el norte y no hay manera de salir de la ciudad, etcétera, hasta que poco a poco todo vuelve a ponerse en su sitio y ya no hay más que dar gas por la planicie cruzando innumerables pueblos camino de la frontera.


Mucha carretera secundaria y unos escasos kilómetros entre bosques. Aburrimiento general.


¡Incluso di alguna curva!



Etapa sosa como pocas, no valía ni para warm-up. Salí de Croacia por la nada transitada aduana de Tovarnik



y tiré millas por territorio Serbio camino de Belgrado. Las carreteras en obras fueron lo único entretenido hasta la capital, en serio, vaya tostón. Bueno, algún letrero divertido me sacó de la monotonía y del letargo asfáltico, pero poco más.



A media tarde ya estaba en Belgrado,



con tiempo suficiente para cambiar euros por dinares, agenciarme un mapa del país y dar una vuelta para disfrutar del ambiente. Qué extraña sensación: llegar de noche al hotel sin estar cansado ni sucio.

Descargar el track 

viernes, 26 de agosto de 2016

BALCANES 2016. INTRO

El proyecto balcánico para 2016 se presentaba más ambicioso que nunca, con nuevos países por visitar, cordilleras más extensas que recorrer y, en general, muchos más kilómetros por delante, cerca de 6000. Bonitos planes que diseñas en tu habitación durante semanas y que luego la realidad acaba transformando en algo bastante diferente. Como Port, el protagonista de El cielo protector, la novela de Paul Bowles, veo un mapa y me pierdo.

 Uno de los hombres, el delgado, de cara levemente crispada y ansiosa, doblaba unos grandes mapas multicolores que había desplegado sobre la mesa poco antes. Su mujer observaba, divertida y exasperada, sus meticulosos movimientos; los mapas la aburrían y él estaba siempre consultándolos. Aun en sus breves períodos de vida sedentaria, y bien pocos habían sido desde su casamiento doce años atrás, le bastaba ver un mapa para ponerse a estudiarlo apasionadamente, y entonces, en la mayoría de los casos, empezaba a proyectar un nuevo viaje imposible pero que a veces llegaban a realizar.



La preparación de la moto tuvo pocos misterios. Tras cinco años y medio con la batería original, y aunque todavía funcionaba bien, decidí montar otra Yuasa igualita. El embrague, con 30000 kms, había muerto en Marruecos unos meses antes. Monté inicialmente un EBC heavy duty que a los 400 kms tiré a la basura por flojo, no pasó ni la fase de pruebas en casa. Unos discos Suzuki originales me devolvieron el tacto y la resistencia típicos del embrague de la DRZ. Respecto a las gomas, el clásico Mitas C-02 atrás y delante un Michelin Starcross 5 Hard deberían resistir toda la andadura.

Partí con 20 días de retraso por culpa de una inoportuna hemorroide que acostumbra a aparecer cuando llegan las vacaciones, así que la ruta prevista ya hubo que reducirla de salida. En total cubrí 3300 kms en unos 15 días, empezando en Croacia, cruzando Serbia y Macedonia para concluír a orillas del Egeo en Grecia. A pesar de los recortes y los contratiempos, tampoco estuvo mal.


Un par de días de coche hasta Slavonski Brod y estuve listo para comenzar el viaje en moto. Inicialmente pensaba conducir un día más hasta Sofía, pero ya estaba aburrido de las autopistas y anticipé la partida sobre dos ruedas. De paso, cambié el sentido de giro del viaje: sería un tour antihorario. Saldría desde Croacia y no desde Bulgaria, ¡y no pasa nada! Es lo bueno de viajar en solitario; haces siempre lo que quieres y no hay que dar explicaciones a nadie.