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domingo, 6 de noviembre de 2011

POR ELS HORTS. EL INCIDENTE

POR ELS HORTS. EL INCIDENTE

Mal tiempo en el puerto de Torrevió aquella mañana de octubre. Frío, niebla y amenaza de lluvia. El parte metorológico ya anunciaba un sábado pasado por agua, pero Dual y el que escribe no nos íbamos a rajar después de haber planificado la salida. Así que subimos a la grupa de nuestras monturas y nos aprestamos a iniciar nuestra cabalgada por els Horts.




El comienzo fue lento de verdad. A causa de la niebla y las numerosas puertas para el ganado que teníamos que ir abriendo y cerrando, el promedio era penoso. Las gotas de agua en suspensión se acumulaban rápidamente en la pantalla de las gafas, y la niebla misma no dejaba ver nada a más de 15 metros. Así las cosas, yo iba guiando con la psicosis de ir a tragarme un cable atravesado en medio del camino en cualquier momento de descuido. Una miradita al gps podía ser trágica: bajabas la vista un segundo y ya tenías encima una valla o una alambrada.

Tras unos kilómetros iniciales un tanto torpes entre fincas ganaderas y parques eólicos, afrontamos por fin el primer obstáculo programado en nuestra agenda, y sería, cómo no, en forma de azagador, esas vías para el ganado que cruzan els Horts en todas direcciones.



El terreno, más que húmedo, enjabonado.


Esta cañada en concreto estaba bastante arruinada y nos costó un rato encontrar el inicio y el paso para franquear el collado.



Además de los resbalones, allí experimentamos las típicas molestias de esos días frescos y lluviosos, donde calores, humedad y exceso de ropa se combinan para crear un círculo vicioso de sudores súbitos y gafas empañadas.

Franqueamos el puertecillo, cerramos como pudimos la carcomida puerta de madera que lo bloqueba, y seguimos cuesta abajo




camino de Criba, siempre por dentro del azagador.



El terreno, rocoso y pedregoso a más no poder.






Finalmente, entre las rocas y la niebla, apareció Criba.




Ya conocíamos de primera mano las constantes que nos acompañarían durante toda la excursión: niebla, humedades, resbalones, lentes empañadas, y rocas y piedras de todos los calibres.

Desde Criba debíamos dirigirnos hacia Huertecillos. Pronto nos metimos en faena por uno de aquellos senderos que llevan allí desde tiempo inmemorial y que ahora algunos quieren capitalizar.




Como ciudadanos civilizados que somos, abrimos y cerramos todas las barreras que nos salieron al paso.




Y esta vez con Dual al frente




proseguimos ruta por cómoda senda.




La senda terminó, enlazamos por buena pista y tras cruzar una carretera nos fuimos derechitos hacia el río Golfantes.




La aventura fluvial comenzó mal. Probamos diferentes alternativas




pero no había manera de avanzar coherentemente.




Tras sufrir múltiples patinazos y enganchones volvimos a la carretera y fuimos a buscar el río esta vez siguiendo el curso de uno de sus afluentes, un enmarañado barranco donde hubo que abrirse paso de malas maneras.

Cortando zarzamoras, lianas y otras especies vegetales, la moto se me fue al suelo,




ahora ve y recógela,



y comprueba lo que pesa, la jodía.




Luego vino Dual a probar el abrazo del espino y el árbol reseco.







A continuación, la zona "Fairy", donde caminar sin resbalar era ya un éxito.




Río arriba nos esperaban otras aventuras. Por ejemplo, Dual y su moto casi se precipitan al vacío.




Por supuesto se trata de una broma. Pero nos fue de un pelo perder la Gas Gas.

Tras superar la resbaladiza sección que comunicaba las dos orillas del río, seguimos por senda un buen rato en dirección sur hasta que súbitamente el camino se esfumó




y hubo que circular sobre el rocaje vivo en pos del siguiente objetivo, el molino de la cueva de Pueblores.




El camino se veía interrumpido por culpa de un tajo en medio de la roca. Dual sacó pecho e involuntariamente lanzó la moto hacia abajo de golpe.
 Inmediatamente, se lanzó a rescatarla.


Después me tocó a mí pasar por el tajo.




Al final, tras flirtear con el abismo y el chapuzón, pilotos y motos salieron ilesos.


Tras superar el escollo llegamos al molino, donde nos concedimos un respiro.




Dual sugirió echar un vistazo dentro la casa abandonada, que conservaba buena parte del mobiliario. Algunas décadas habían pasado ya desde que sus habitantes decidieron abandonar el molino, como testimoniaban los centenares de revistas que encontramos esparcidas por el suelo.




Después del sendero fluvial, el escalón y el molino, llegaba un trozo de rambla por el cauce del Riu Cantahiedra,




donde se alternaban tramos fluidos y rápidos con otros de piedras de considerable calibre.







Por suerte el tramo de grandes pedruscos se vio interrumpido cuando alcanzamos el siguiente waypoint: el puente medieval de Nadalella:

Volver arriba

Dejamos atrás la Casilella y por pista nos dirigimos hacia la aldea abandonada de la Saraguana, lugar donde comenzaba la siguiente senda, otro PR colonizado para unos pocos, pero previamente había que salvar una discontinuidad seria en el camino.




Menos mal que no íbamos muy rápidos, si no nos caemos al hoyo. Tuvimos que improvisar una circunvalación de emergencia, y al poco rato ya estábamos en la senda que nos llevaría hasta las proximidades de Clictorres.



Esta vía era rapidísima, supongo que de las favoritas para los btteros. Hay que decir que en todo el día sólo nos encontramos a un par de ciclistas adolescentes cerca de Villores. Tratándose de un día feo, con niebla y amenza de lluvia, la gente se habría quedado preferiblemente en sus casas. Y yo que me temía una invasión de chusma por el puente.

Proseguimos por pistas fáciles y abordamos otra zona de senderos, esta vez tocaba navegar entre pedregales campo a través, porque no había traza alguna.



Suerte de llevar GPS, si no, no damos con el rumbo correcto ni por casualidad.




A través de la niebla nos abrimos paso hasta Puertillo de Llomera, y justo al pie de esta población, comenzaba el ascenso de lo que, según un track ciclista del wikiloc, era una trialera. Y, aunque breve, a cachos, lo era.




En realidad se trataba de una azagador repleto de escalones, a veces bajitos y regulares, como en la foto de arriba, y otra veces más altos y deshechos.




En medio de la subida a Dual le sobrevino un bajón inesperado de los niveles de Cutty Shark en sangre y pidió tiempo muerto. El colega estaba de resaca, y si a eso sumamos un parón en su actividad endurera durante los últimos meses, pues le dio algo. Pero bueno, nada grave. Echamos mano de las provisiones y seguimos hacia arriba.
 
Total, para volver a bajar después casi al mismo sitio. Esto Dual no sé si lo sabía, porque llevaba el GPS en el bolsillo. Espero que no se enfade cuando lea esta crónica.

Comenzaba entonces un largo tramo de enlace por pistas hasta Francavilla del Cid, donde se situaba la parte más excitante y complicada del día. Serían las dos de la tarde y habíamos cubierto con éxito un tercio de la excursión. Nos iban a faltar horas de luz, eso seguro, pero mal del todo no íbamos.

Si todo salía bien, daríamos una gran vuelta entre Lluca, el riu Mileón, Francavilla otra vez y vuelta hasta este puente:




Las pistas fáciles hasta Francavilla resultaron ser no tan fáciles. En realidad eran azagadores deshechos con piedras sueltas, arriba y abajo por aquellas lomas.




Eran las autovías rurales de nuestros antepasados.




En plena bajada Dual tuvo que detenerse a apretar no sé qué tornillos.




Tomarnos un descansito en el pedregal no estuvo mal del todo. Vaya día de piedras.

Estábamos en la sección más fácil de todo el día, unas pistas planas y bastante rectas de transición hacia Villafranca, donde comenzaba la parte buena de la excursión, cuando sucedió "el incidente".

Según el gps íbamos circulando sobre los 50-60 kms/h de manera constante, a veces con puntas de 75km/h, ya digo que eran pistas cómodas. Los datos inmediatos al punto del incidente son de 46, 57, 56, 42 y 0 km/h.




Llegué a una curva muy abierta circulando por mi derecha, vi que hacía un poco de contraperalte y preferí irme a la izquierda, la parte sucia, y tuve que tomar la curva por encima del lecho de piedras que va pegado al muro. Esta maniobra la hice conscientemente, en vez de frenar y entrar por la derecha me fui un poco largo, supongo que por no cambiar de marcha ni frenar, para seguir en plan fluido, dejando correr la moto. Justo cuando estaba trotando por encima de las piedras noté un shimie (hasta aquí todo previsible) y creo que luego vino un golpe en la rueda trasera que me lanzó súbitamente hacia el centro del camino. Supongo que oculto en el lecho de piedras había algún pedrusco grande y bien incrustado en el suelo que no vi, me levantó la moto de atrás y salí escupido a la derecha. Según Dual, salí catapultado.




Recuerdo sobre todo ir arrastrando la cabeza por el suelo y pensar "así me estoy haciendo daño, que pare ya". Noté que algo me rascaba cerca de la barbilla y que la cabeza se me giró hacia atrás, eso fue lo primero que me dolió tras dejar de arrastrarme, el cuello en su parte posterior. Las cervicales tocadas, los miembros enteros; luego llegó Dual y me dijo que tenía una herida bajo el mentón.




¿Cómo se metió una piedra por ahí? Ni idea. Con kleenex y cinta aislante Dual improvisó un vendaje. Tras recuperarnos del susto convinimos en continuar hasta Francavilla, donde repostaríamos y buscaríamos un médico.




Fue una lástima caerme allí de manera tan estúpida, porque apenas quedaba un kilómetro de pista y otros dos de asfalto hasta el pueblo. Las cervicales me molestaban en cada bache y decididamente yo no estaba en condiciones de hacer más excesos; desgraciadamente, la parte más salvaje de la excursión quedaba anulada.

En el ambulatorio nos trataron la mar de bien. Teníamos pensado decir que me había accidentado haciendo trekking Laughing por aquello de que no nos liaran con temas de seguros, pero no nos preguntaron nada. El médico se permitió hacer algún comentario jocoso sobre los golpes que se dan los motoristas, e incluso especuló con que la gran mata de pelo de Simoncelli podía haber sido la causante de que se le desprendiera el casco. Por su parte la enfermera me dejó bien apañado con tres nuevos puntos en mi anatomía y también un pinchazo para prevenir el tétanos.




Eran las tres de la tarde y yo no estaba para más marcha dura. Tras 68 kms de offroad volveríamos a Llomera por carretera (54 kms) cómodamente, o eso pensábamos, porque nos tocó conducir muchos kilómetros en medio de la niebla, en mi caso sin pasar de tercera porque no veía absolutamente nada. Dual pasó delante, pero lo perdía, no andaba fino yo. El ascenso final al puerto de Torrevió fue lo peor de todo, por culpa de la niebla nos pasamos el cruce hacia el lugar donde habíamos dejado aparcado el coche y, por no dar la vuelta en medio de la carretera nacional en aquella situación de visibilidad nula, aún nos tocó hacer algunos kilómetros extra. Fue llegar al coche y cargar las motos y empezar a llover en serio. Nos salvamos del diluvio por muy poco.

PD: 48 horas después estoy OK, la herida cerrándose y las cervicales no me molestan nada. Curiosamente lo que de verdad me duele es lo que el día de la caída no me molestaba absolutamente nada, el muslo y el brazo derechos.