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martes, 9 de diciembre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 12. PREVEZA-THEODORIANA. 175 kms

PREVEZA-THEODORIANA. 175 kms

El descanso de la insustancial etapa anterior me vino de perlas para afrontar nuevas emociones en las montañas Tzoumerka. El trayecto desde Preveza hasta más allá de Theodoriana fue básicamente offroad y en pocas horas pasé del calor asfixiante de la costa a la nieve y las tormentas en las cumbres. Las imponentes montañas de la región de Épiro no decepcionaron en ningún momento.



Algunas señales situadas estratégicamente junto al camino parecían querer asustar a los forasteros, pero no me arredré.



Seguí y disfruté de un sube y baja contínuo amenizado con algunos riachuelos,



chubascos débiles y también una breve granizada. Por suerte siempre encontraba algún ermitorio abierto donde refugiarme.





Podías entrar hasta la cocina y ver qué comía y fumaba el sacristán. Mientras tanto el paisaje se volvía más alpino.



A mediodía alcancé uno de los hitos que me habia marcado: el fabuloso puente sobre el río Arachtos en Plaka.







Los truenos sonaban persistentemente en la lejanía y, con la esperanza de que mejorase el panorama, paré a comer allí cerca, junto al puente nuevo. La camarera me sacó unas serias albóndigas y una genuina ensalada griega.



 Como no dejaba de tronar le pregunté a la chica por el tiempo.

-¿Sabes algo de la previsión meteorológica?
-¿Previsión? No hace falta. Aquí siempre es igual.
-¿Entonces?
-Un poco de sol por la mañana, y luego nubes y tormenta. Prepárate.




La chavala tenía toda la razón, no iba a poder esquivar la tormenta. Tomé la decisión de continuar igualmente, total sólo había que subir del tirón desde el valle de Plaka a 200 metros de altitud hasta los 2200 del puerto cerca del pico Megalolivado. Al menos, el paisaje, rabiosamente verde y alpino, compensaría el esfuerzo y la incertidumbre.



El cielo tan pronto se despejaba como se cerraba completamente, los rayos caían más cerca o más lejos alternativamente... me iba a mojar bien. A mitad de subida paré a refugiarme unos minutos en la caseta de Basili, junto a su granja.



Una vez cesó la lluvia me animó a continuar, y me avisó de que todavía podría resguardame más arriba en otro refugio que encontraría en el camino. No hizo falta parar. El sirimiri me acompañó en el último tramo, y tras innumerables zigzags de la pista y también incontables dudas acerca de dónde me estaba metiendo, conseguí coronar.





 Anda que no me gusta a mí la nieve, y más en verano.



Para cuando llegué arriba, más helado y mojado que un pingüino, la tormenta se había disipado. Disfruté poco de las vistas y del subidón de adrenalina tras franquear el collado, una lástima, pero es que se hacía tarde y no tenía nada claro si la bajada hacia el siguiente valle estaría despejada. De hecho, nada más empezar el descenso el camino empeoró súbitamente. Tocaba sufrir unos kilómetros, pero a lo lejos se distinguía una pista decente. Lo conseguiría. O no...



 El tramo en bajada sobre pedruscos mojados fue exigente



y para cuando llegué a la siguiente caseta habitada me encontraba bastante fatigado e igualmente estresado. Como aquello no cambiara lo iba a pasar mal.



Los chavales que me recibieron me contaron que eran primos y que pasaban allí todo el verano cuidando sus rebaños. Me invitaron a refugiarme al calor de su cuchitril y a tomar un café que me revitalizó después de tantos esfuerzos. Comentaron que la pista era accesible por todoterreno justo hasta su caseta; por donde yo había bajado jamás habían visto un coche. También me dieron indicaciones para llegar al siguiente pueblito, Theodoriana y dónde alojarme, aunque no me enteré ni de la mitad, claro. En fin, menuda suerte tuve de encontrarme con ellos: me dieron techo, calor, bebida, información y ánimos.



Seguí bajando ya por una pista en condiciones y contacté con otros granjeros así como con sus perros pastores, indicaciones y escolta no me faltaron.



Tras un descenso larguísmo llegué a Theodoriana pero pasé de largo, pensé que encontraría alojamiento más adelante, cerca de la carretera "principal" que intuía cercana en el gps. Una vez en dicha carretera alguien me recomendó tirar a derechas, que en esa dirección encontraría pronto algún hotel. Anochecía y yo sin luz delantera. Ningún coche ni pueblo en cerca de 20 kilómetros...es que esta región de Épiro es desolada como pocas. Llegué a un túnel kilométrico iluminado... hasta que dejó de estarlo. Creo que es lo más peligroso que he hecho en mi vida: seguir recto entre tinieblas hacia un punto de luz del tamaño de una uña durante XX segundos que me parecieron eternos. Hubo suerte, y con las últimas luces del atardecer encontré una sórdida taberna a pie de carretera donde me dejaron dormir después de insistir un poco. Una jornada inolvidable.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 11. KSAMIL-PREVEZA. 200 kms

DÍA 11. KSAMIL-PREVEZA. 200 kms

Etapa básicamente asfáltica a lo largo de la costa griega, planeada para concederme un poco de relax tras tantos días en las montañas.

Esta era la vista de la bahía de Ksamil desde mi alojamiento.


 Rumbo sur hacia la frontera entre Albania y Grecia, había que superar el canal de Vivari.



En la orilla norte, las ruinas griegas de Butrint estaban saturadas de turistas. Yo preferí echarle un vistazo a la fortaleza triangular de la orilla sur.


Estaban de excavaciones, pero aún así me dejaron entrar y curiosear en solitario.


Mirgan era el jefe de la cuadrilla. Él se reía de mí al verme con tanta ropa un día tan caluroso de verano, y yo le respondía que peor estaba él en aquel nicho cenagoso con las piernas metidas en bolsas de basura para no morirse de asco en el barro.


 A partir de allí y hasta la aduana en Qafe Bote, carreteras descuidadas típicas de las zonas prefronterizas. En la aduana griega, el protocolo habitual de aquel verano. Primero pasabas el control de documentos y a continuación el cara a cara con el agente especializado en detectar si llevas armas, drogas o contrabando, pero que siempre se resolvía sin inspección alguna y con diálogos como este:
 

-Español, ¿eh?
-Sí, jefe. (Seguro que me hace abrir la maleta, este tío me mira mal, y encima no llevo el carnet de conducir, esta vez me van a pillar.)
-Um......(segundos de tensión)....... ¿Barça o Madrid?  :lol:  :lol:  :lol:
-Juas, juas, juas (Qué alivio, sólo quiere hablar de fútbol).
-Vaya ridículo en el mundial de Brasil, ya os vale.
-Pues sí, es cierto, qué se le va a hacer.
-Casillas de pena, tenéis que hacer algo con él.


Y así fue más o menos en todas las aduanas. Vaya cachondeo.

Próxima parada, el puerto de Igoumenitsa. Ahora que empezaba a familiarizarme con el Albanés me cambian al alfabeto griego.

De todos modos volví hacia el norte unos kilómetros por la costa siguiendo un mango de sartén que hace el territorio griego dentro de Albania. Me apetecía fisgonear por aquella extraña zona, pero pronto me dejaron claro que los merodeadores no eran bienvenidos.


Se trataba de una zona de playas solitarias donde no había más actividad que la de algunos pocos mariscadores.


Creo que con el ruido de la moto desperté sin querer a un par de guardias que dormían en un cuchitril, así que me largué a toda prisa antes de que reaccionaran y me preguntaran que hacía por allí.

En Igoumenitsa inicié rápidamente el proceso de inmersión en la cultura local.


Cerveza Fix para acompañar la comida y un trago de Ouzo (licor anisado) para concluirla. Y mientras me entregaba a las libaciones, a ver pasar a las camareras de los chiringuitos de un lado a otro de la calle. Ya digo que este era un día de mucho relax.


Llevaba un par de días con el freno trasero desfallecido, ya no frenaba nada. Nada más entrar en Igoumenitsa había localizado un concesionario Honda y pensé que podría agenciarme unas pastillas de CRF o XR pues yo achacaba el problema a una posible cristalización. Preguntando me informaron de que posiblemente no abrirían hasta las 6 de la tarde (!), y eran todavía las dos. No estaba dispuesto a esperar tanto tiempo. Continuaría hacia el sur confiando en encontrar algún taller decente en el camino, y lo hallé unos 50 kms más tarde, en Parga.


Nikas, el mecánico que me atendió al instante, supuso inicialmente que era un problema de falta de llíquido, pero enseguida vio que había nivel de sobras. Al final resultó ser una chorrada: el bulón que sujeta el calapié al chasis se había desplazado un poco hacia arriba y no dejaba que el pedal de freno hiciera todo su recorrido. Me hizo una chapucilla con un par de bridas y listo. Luego estuvo un rato enseñándome el taller y el gran stock de recambios que acumulaba. Creo que no podía haber ido a pedir ayuda en un sitio mejor.


Entre unas cosas y otras me olvidé de comentarle mi problema con la luz delantera: estaba fundida y el portalámparas solo admite la bombilla Suzuki original. Seguro que podía haberme hecho un apaño, pero no me acordé de decírselo. Al día siguiente lo iba a lamentar en un túnel larguísimo.

La jornada no dio mucho más de sí. Un par de baños en calas recónditas para recuperarme de los esfuerzos de días pasados y más carreterillas hasta cerca de Preveza donde encontré un hotelito tipo el de Psicosis, solitario y regentado por madre e hijo. Una vez superada la prueba de la ducha, descansé tranquilo y pude pensar en la etapa del día siguiente.

martes, 2 de diciembre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 10. DÍA 10. PERMET - KSAMIL. 180 kms

DÍA 10. PERMET - KSAMIL. 180 kms

Mañana radiante en el valle donde se sitúa Permet, entre las montañas Trebeshinë-Dhëmbel.


Así es Albania, una incesante sucesión de cadenas montañosas.



Y allí enmedio estaba yo, camino de Tepelene primero y de Progonat después, donde ruinosos monumentos en honor de los caídos de guerras pasadas jalonaban el camino.


En este algunas de las tumbas de los guerreros habían sido profanadas, el edificio anexo vandalizado y el recinto convertido en cuadra. Suerte tuve de que no me cayera encima alguna de aquellas balas gigantescas de hormigón, porque estaba todo que daba pena.

Este otro, en una encrucijada, aguantaba con más dignidad el paso del tiempo,


y marcaba el inicio del tramo más solitario y comprometido camino de la rambla de Sushica. Todo lo que había ascendido durante la mañana lo descendí de golpe camino del  valle que se ve a la derecha,


hasta meterme de lleno en dicha rambla,


con una acusada inclinación por momentos y siempre con la incertidumbre de si los materiales arrastrados por otros cauces laterales acabarían por impedir mi avance.



Al final el paso estaba expedito, y el cañón se fue estrechando hasta una zona en que apareció un camino definido que discurría entrelazándose con un arroyo.


Todo apuntaba a que finalmente saldría de allí. Fuera miedos, llegaba el momento de divertirse.


Con la emoción me salí del track y no me di cuenta de ello hasta que me topé con la Taberna Balili en medio de la nada. Este letrero hizo que me centrara de nuevo en lo importante.


Paré a echar un trago y allí estuve departiendo un rato con la mesonera y luego con las chavalas, que se encargaron de enseñarme la piscifactoría. Gente encantadora.


Unos kilómetros más en bajada y a lo lejos pude vislumbrar el mar Jónico.


 Fue llegar a Borshi Beach 


y disolverme nada más echar pie a tierra.


En las últimas 72 horas había pasado por la fea avería del estátor, el frustrante día del barro en que no avancé nada, y hoy por fin salió el sol  y triunfé en la rambla. Merecido relax. Este baño me supo a gloria.


jueves, 27 de noviembre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 9. POGRADEC-PERMET. 220 kms.

DÍA 9. POGRADEC-PERMET. 220 kms.

Para variar, durante la noche diluvió, y otra vez me tocó saltar de la cama para poner a cubierto la ropa extendida en el balcón. Vaya veranito.

La mañana apareció con brumas sobre el lago Ohrid, pero daba la impresión de que ya no habría más chubascos.La mañana apareció con brumas sobre el lago Ohrid, pero daba la impresión de que ya no habría más chubascos.


Lo primero que hice fue ir a desayunar al burguer de Beni. Le conocí la noche anterior e insistió en que pasar a saludarle antes de irme de Pogradec. Su historia era la de un emprendedor sin fortuna.


¿Ves toda esa gente que pasea junto al lago? Pues solo hacen eso, pasear, no gastan su dinero, nadie consume en los bares. Cogí el traspaso de este burguer con mucha ilusión pero ahora veo que se ha convertido en una trampa ruinosa. Me la jugué y aposté buena parte de mis ahorros a favor de la selección de tu país en el partido España-Chile del mundial y ya sabes cómo acabó. Si conoces algún lugar para trabajar en tu país avísame, y si no, volveré a Grecia a buscarme la vida. En cualquier caso, aquí tienes mi teléfono; si tienes alguna avería con la moto o te metes en algún lío en Albania, no dudes en llamarme, veremos qué se puede hacer.

Más tarde vi en su facebook que había trabajado en la mafia albanesa, este Beni era un cachondo.

Llegó el momento de marchar de la ciudad abriéndome paso entre callejas buscando las alturas.




No habría recorrido ni unos 5 kilómetros cuando paré a echar una última foto de la ciudad


y a inspeccionar la tapa del motor de arranque que desmontamos la tarde anterior. En efecto, la fuga que había detectado antes de salir del hotel era de aceite, no agua de los charcos o la lluvia. Regresé a Pogradec al taller de Endri para solucionar el asunto. Una vez más su madre se encargó de localizarle y una vez más iniciamos las operaciones en la calle junto a la alcantarilla. Todavía no sé cómo no perdimos unas cuentas arandelas por el sumidero.


Al final resultó ser una tórica que estaba pellizcada. Endri buscó una junta parecida en la tienda de recambios de coche contigua a su taller y encontró una un pelín más gruesa, que con mucha paciencia consiguió encajar exitosamente. A día de hoy, no pierde ni gota. Una vez efectuada la reparación volví a salir de Pogradec por las mismas callejuelas dirección a las montañas


donde volví a coincidir con los habituales compañeros de ruta. Esta gente sí que tiene mérito.


No era consciente de lo que había llovido por la noche. El terreno que me encontré estaba muy blando y resbaladizo, con charcos larguísimos, surcos bien profundos, y en general un barro de sorprendentes propiedades deslizantes. Era casi imposible avanzar en línea recta sin encontrarte al borde del patinazo casi permanentemente.


Aún así avancé unos 12 kilómetros en esas circunstancias con la esperanza de que el asunto mejorase, pero fue al revés. El track cada vez subía más y los resbalones se hicieron más y más frecuentes. El desgaste físico estaba siendo considerable y visto que las condiciones no mejoraban, tuve que tomar la decisión de volverme otra vez a Pogradec. Qué rabia, todo el esfuerzo había sido en balde.

Volví a la ciudad fundido, cubierto de barro y habiendo perdido un tiempo precioso. Era imprescindible visitar un "lavazh", o sea, uno de los innumerables lavaderos de coches que cualquier vecino se ha montado en el patio de su casa con ayuda de una karcher.


Cerveza de medio litro + lavado (y todos sabemos lo laborioso que es lavar bien una moto embarrada hasta las trancas) = 1 euro.

Encima te dan información geográfica detallada:

-¿Por esta carretera llegaré a Tepelene? ¿Es así de buena todo el tiempo?
-¿A esto le llamas una buena carretera?
-Si supieras dónde he pasado toda la mañana...
-Hombre, puedes llegar, pero se te hará de noche.


Mi intención era bordear por asfalto la cordillera que se interponía entre Pogradec y Tepelene, no había más opción con las pistas encharcadas. Tenía unas pocas horas de sol todavía y podía tirar fuerte por carretera (unos 130 kms) para reanudar el track programado al día siguiente.


En efecto, la carretera se volvió cada vez más tortuosa y descarnada y para colmo descubrí que tenía fundida la luz delantera. Suerte que en medio de la nada encuentras gente amiga y recuperas la moral.


Como me auguraron no llegué a Tepelene. Por suerte encontré un hotelito en Permet cuando ya era prácticamente de noche y no veía ni jota. No habría podido seguir más allá. Vaya día más raro.