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martes, 25 de octubre de 2011

PREPIRENAICA OCTUBRE 2011

PREPIRENAICA OCTUBRE 2011

PRÓLOGO

¿Diseñar una ruta de más de 100 kms de enduro duro sobre plano a casi 200 kms de tu casa es una acción descabellada? Bastante. ¿Y es posible implicar a dos personas para que te acompañen en semejante despropósito? Muy improbable.

Pues entonces nos tocó la lotería, porque el proyecto salió adelante a pesar de los numerosos factores en contra. Wow!

La historia se remonta al mes de junio, cuando me enfrasqué en el diseño de un recorrido endurístico por la provincia vecina, enlazando sendas de dudosa ciclabilidad hasta que al final conformé una ruta en forma de sartén, preñada de obstáculos desconocidos en territorios remotos y que hasta a mí mismo me daba respeto.
La escasez de información en la red sobre la mayor parte de los senderos, así como los serios desniveles de algunos tramos presagiaban catástrofe o abandono. Seguramente no era una excursión idónea para hacerla en solitario, por lo que que guardé el proyecto durante unos meses para ir madurándolo y proponerlo más adelante, y así fue como, con el tiempo, la propuesta cuajó y dos voluntarios asumieron el riesgo de sumarse al extraño proyecto. Yo por mi parte asumiría la responsabilidad de que la expedición fuera mínimamente exitosa. Implicar a terceros en semejante lío acarreaba una buena dosis de estress ya fuera tanto por el esfuerzo de hacer el desplazamiento lejos de casa y con horarios leoninos, como por el hecho de que las pistas y sendas fueran dignas de mis compañeros.

Cierto es que hubo buen feeling desde que se confirmó que la excursión iba para adelante. Nadie puso objeciones al recorrido por muy incierto que pareciera, e incluso recibí estímulos para endurecerlo aún más.
A una semana vista de la salida eliminé pistas y añadí una nueva y complicada senda, y sólo con un margen de 48 horas antes de partir, otra más. Algunos empezamos a pensar que muy probablemente nos habíamos propasado. Y con razón.

LOS PREVIOS

Si queríamos completar la vuelta planeada debíamos madrugar seriamente para cubrir las casi tres horas de enlace con coche hasta el punto de salida. DNT y servidor partiríamos hacia Start desde TRT, y simultáneamente Deivid se dirigiría al mismo destino desde BCN. Los de TRT llegamos algo más tarde de la hora pactada, sobre las 9 y cuarto, básicamente porque la policía nos detuvo a la altura de Fish en un control de alcoholemia; ya de paso nos revisaron los papeles de las motos también. Finalmente llegamos a la gasolinera de Start, donde Deivid, a quien todavía no conocíamos en persona, nos esperaba ya vestido con el traje de gladiador. Tras las presentaciones de rigor enseguida procedimos a prepararnos para la tunda que nos esperaba.



Repartimos herramientas y recambios, contrastamos opiniones sobre qué bebida y comida llevar, cargamos combustible y las motos quedaron listas para el maltrato.



1-MICOLOR

El día había amanecido plomizo, con el cielo cubierto, circunstancia bastante favorable teniendo en cuenta las elevadas temperaturas que estábamos teniendo aquel octubre. Después, ya sudaríamos como pollos. De entrada salimos raudos hacia la primera senda prevista, la subida a Micolor. Nos salió un inicio bien endurero y subimos escopetados para arriba, tanto que ni hicimos fotos ni nada.
 
Servidor, con el refugio al fondo, arriba del todo ya.



Y justo es presentar a continuación a los otros dos expedicionarios y, cómo no, agradecerles públicamente su participación, porque sin ellos este viaje endurero a través de ______ y el ______ atravesando el _______, sencillamente no se habría hecho nunca.

DNT:



DEIVID:


2-LOS HOMBRES TUERTOS

Desde Micolor tiramos por pista siempre ascendente hacia el coll de Sade, y a continuación fuimos llaneando por la cresta de la montaña. Lástima que una pertinaz niebla lo envolviera todo, porque las vistas desde aquellas atalayas tenían pinta de ser abismales. Tampoco había tiempo para detenerse y extasiarse con el paisaje. Nos esperaba unos de los dos grandes "cocos" del día: la gran bajada de los Hombres Tuertos y sus 750 metros de descenso ininterrumpido en sólo 3,5 kms.


Sobre el mapa o desde el satélite la susodicha bajada causaba estupor, no solo por su nombre y por el desmesurado desnivel, si no también porque a veces desaparecía entre la espesura y porque por su situación remota podía estar más bien abandonada.

Así comenzaba el descenso:



y así siguió durante un buen trecho.




Inicialmente la senda no estaba muy definida y permitía diferentes trayectorias entre un canchal de piedras sueltas. Después se fue internado en un bosquecillo húmedo y empezó a bajar más en serio.







Cerca de la fuente de la Vieja tuvimos que echar pie a tierra y ver si pasábamos o no.




DNT iba delante y nos dijo que OK. Los de las 4t fuimos pasando con tiento. Primero Deivid.




Y yo el último. Aquí parece que esté rezando antes de ir para abajo.




Despacito.







El entorno de la fuente era precioso, lleno de humedad, sombra y vegetación. Tan bonito que quise empaparme literalmente del ambiente. No sé cómo lo hice, pero me resbalaron los neumáticos y caí del lado de la fuente, metiendo toda la pierna derecha, hasta la ingle, en el canal. Fue bastante vergonzoso, pero como iba último puede decirse que no me vio nadie y proseguimos con la bajada




hasta que tras mucho frenar, frenar y nada más que frenar, llegamos al final de los Hombres Tuertos.




Según el GPS fueron 55 minutos prácticamente ininterrumpidos de bajada. ¡Casi una hora sin dejar de frenar!

3-COLLMORTURI

Bajamos de los Hombres Tuertos contentos y satisfechos, más o menos cumpliendo el promedio previsto.

Siguieron unos pocos kilómetros de pista para ventilarnos lo justo






y nuevamente nos enfrascamos en otra escaramuza, esta vez buscando el barranco de Margarito. Nos costó un rato dar con la entrada pues estaba tapada por troncos y maleza. Confiando en el GPS nos internamos por una senda selvática prácticamente cegada tras años de desuso. Calculo que al cabo de unos 300 metros no más decidimos darnos la vuelta, pues la vegetación estaba tan crecida y desmadrada que era casi imposible abrirse paso. Fue una decisión acertada, pues era mucho y complicado lo que nos aguardaba todavía. Sin perder más tiempo y a través de buena pista marchamos rapidito hasta Bodeguillas, pueblito que sólo conquistamos tras aventurarnos por una pedregosa rambla




y lanzarnos cuesta arriba




por empinada trocha.




Nuestra siguiente referencia era Rania de Perm donde empezaba la tercera senda seria del dia, el ascenso a Collmorturi. Dicha subida se presentaba breve pero intensa, y no defraudó en absoluto. El primer kilómetro consistía en un paseo por bucólico bosque, pero una vez llegados al barranco "donde todo empezaba", ay amigo, de nuevo nos metimos en otra refriega de aúpa, esta vez entre peñascos y bien cuesta arriba.







Desde las base misma del barranco hasta llegar a la carretera donde moría la senda no tuvimos descanso, subiendo por un estrecho y pedregoso sendero que a veces era nada más que una leve cornisa.


ç

Los zig zags se sucedían uno tras otro, y progresivamente fuimos cayendo en las trampas que nos esperaban a traición en los recodos del camino.




En esta foto se observa bien el sinuoso trazado de una parte del sendero,




y en esta otra las expresiones de júbilo de parte del personal, celebrando formar parte del show.




Tras las fotos, más estopa, siempre hacia las alturas.







La perspectiva que se abría a nuestras espaldas era cada vez más grandiosa




y la que se abría por delante, igual de rocosa que antes.




No nos fue nada mal en aquellas duras rampas, hasta que de repente empezaron a acumularse los problemas. Una zeta rebelde en el camino nos hizo emplearnos a fondo, rescatándonos los unos a los otros para superarla. Primero subimos la moto de DNT, que de propina se había llevado ya un golpe serio en el pie al caerle encima su moto.




Luego subimos la mía, que, aunque yo no lo sabía aún, iba bastante tocada a raíz de las embestidas contra los recios pedruscos que jalonaban la senda. Como usé exclusivamente la primera en todo el ascenso, no me di cuenta del desastre hasta que fortuitamente la moto debió quedarse en punto muerto y quise cambiar:




Mientras tanto Deivid había triturado el objetivo de su cámara de fotos, una noticia poco grata cuando acto seguido tienes que enfrentarte a dificultades de este tipo:




Deslizando la rodilla por el suelo cual piloto de velocidad, Deivid nos demostró que es un fino estilista. Atención a la inclinación de la curvita, había que girar en un palmo de terreno con una pendiente notable y resbaladiza.




De todos los infortunios surgidos en el ascenso a Collmorturi el mío necesitaba la reparación más urgente. Deivid sacó la correa de las grandes ocasiones y allí nos tiramos unos minutos intentando tirar de la palanca de cambios de la DRZ para liberarla un poco, pero no hubo manera humana de que cediera lo más mínimo. Bueno, ceder, lo que es ceder, cedía, pero volvía a su sitio. Luego lo intentamos con técnicas troglodíticas, o sea, con piedras y golpes, pero los resultados fueron igual de pírricos. Quizá conseguimos algún milímetro de luz entre palanca y calapié que finalmente me permitió cambiar con el talón, aunque de manera muy torpe.

Era ya la una del mediodía y difícilmente encontraríamos taller alguno donde intentar reparar. Dedicimos seguir hasta Perm en aquellas condiciones (a unos 20 kms de distancia) y una vez allí buscar ayuda. Por supuesto también me prometí a mí mismo incluir de entonces en adelante una palanca de cambios extra en mi dotación de herramientas y recambios. Pero eso sería en el futuro, de momento había que salir de allí como fuese, y nuestro avance hacia Perm pasaba por el castillo de Rania, donde nuevas aventuras nos aguardaban.

4-EL CASTILLO DE RANIA

Fue acabar la senda de Collmorturi y enlazar con la del castillo de Rania. Allí en lontananza nos esperaba la fortaleza que debíamos conquistar.




Si hasta Collmorturi  habíamos subido incesantemente, ahora tocaba compensar la situación en sentido inverso. Más o menos había que bajar de golpe hasta el llano que se ve en la foto tras el castillo. Otra bajada intensa nos aguardaba.

Supongo que aquellas alturas de la excursión los tres pilotos andábamos algo tocados: uno con el pie maltrecho, otro maldiciendo la fragilidad de las cámaras Olympus, y otro pensando en cómo aguantar el resto del día con el cambio de marchas semi inutilizado. Bueno, nadie dijo que aquella expedición fuera a ser fácil, ¿no?

Inicialmente nos lanzamos a la conquista del castillo en línea recta




pero los líderes pronto entendieron que mejor ir por el lado sur antes que caer al vacío que se abría a nuestros pies.




O mejor dicho, elegimos el vacío del lado sur, que parecía más pintoresco.




Desperdigados por aquellas lomas, hubo momentos en que los tres empujábamos las motos cuesta abajo al mismo tiempo. Che spectacolo!










Una vez llegados al castillo no quedaba otra que seguir la marcha descendente hasta el llano, otra vez a frenar y a sujetar bien la moto.







Una vez abajo, nos relajamos durante un tiempo rodando por las llanuras hasta llegar al barranc de Xalaw, una sección de senderos intrascendentes comparado con lo que llevábamos acumulado. Si no fuimos muy rápidos fue culpa mía, pues fallaba el 70% de los cambios, no había manera de que entraran las marchas, así que mantuve casi todo el tiempo la 2ª o la 3ª forzando el motor dentro de unos límites razonables.

En Clarete, la enésima bajada del día. Aburridos no estuvimos, no.







Alcanzamos Perm sobre las 2 de la tarde, y nada más entrar en la ciudad nos dimos de bruces con el cuartel de bomberos, y allí me dirigí deseperado en busca de ayuda para arreglar la palanca de cambios. El primer bombero al que me dirigí fue bastante receptivo y no dudó en echarme un cable inmediatamente. Probamos con llaves de tubo y palancas varias, pero nanay de la China, el metal japonés flexaba como una goma elástica y volvía a su sitio. El hombre lo dio por imposible y cuando ya estábamos resignados y a punto de marchar, apareció con un tubo de casi dos metros de largo de esos para montar andamios y en cuestión de segundos enderezó la palanca unos 45 grados, lo suficiente para que pudiera moverla sin que chocase con el estribo. Tendría que cambiar con el tacón igualmente, pero al menos las marchas entrarían con más facilidad.

Imperiosamente, la proxima parada tenía que ser la gasolinera. Habíamos cubierto 60 kms escasos, y la KTM125 de DNT estaba sedienta cual rata del desierto, debieron sobrarle 250 cc de gasolina nada más. Un poco más y no llega. Compramos combustible y refrescos y nos fuimos a un parque contiguo a meternos un lingotazo rápido de Aqueirious, barritas, huesitos y otras cochinadas. Ya habíamos pactado que no pararíamos a comer, sólo suero, azúcar y gasolina.


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5-SANTA GÀRGARA-SCRUBS
 
Medianamente repuestos de las emociones acumuladas en esos primeros 60 kms y con los niveles de fluidos revisados en cuerpos y máquinas, afrontamos la sección vespertina, con no menos incógnitas por delante que en la manga matutina. Si "Hombres Tuertos" resultaba impresionante por su gran bajada, la senda "Santa Gárgara-Scrubs" no se quedaba atrás en cuanto a distancia total y desniveles:


Antes de que se enfriaran las gomas y perdiéramos "grip" por culpa de la pausa en la gasolinera, ya estábamos en las primeras estribaciones del sendero en cuestión.




Subir, subimos volando, aunque motos y pilotos llegaron algo cocidos a la primera cima. Prácticamente sin tiempo para descansar encaramos la bajada hacia Scrubs, afrontando algunos tramos que podrían resultar complicados en caso de tener que volver atrás. Tanto DNT como yo habíamos expresado nuestras dudas acerca de la viabilidad de este tramo, pero como Deivid, poseído por el espíritu de David Knight, había dicho días antes que "por mí el recorrido cuanto más duro mejor", pues lo incluímos a última hora. Sobre el km 6 de senda llegamos a un bonito barranco con agua corriente y todo, donde hubo que replantearse cómo seguíamos.




Había que pasar por encima de unas piedras babosas




y luego encarar una breve pero empinada rampa de roca lisa.




Las motos, cual obra para piano de Mozart, las subimos a cuatro manos.





Salimos del atolladero y afrontamos el repecho final que nos llevaría hacia Scrubs, momento que aproveché estratégicamente para pedir tiempo muerto. Justo después del riachuelo empecé a experimentar fuertes calambres en los muslos, sensación que ya no me abandonaría hasta acabar la excursión. Necesitaba caminar o estirarme o algo, porque el dolor era agudo. Hicimos una pausa al acabar la senda y con eso me recuperé algo, pero a partir de ese momento conduje mucho tiempo como los pilotos de MotoGP que sacan la pierna en las frenadas, con la diferencia de que yo lo hacía también en las aceleraciones y en los cambios de marcha, o sea, casi permanentemente. Vaya panorama. 

6-RANEIRA
 
El sendero anterior nos había llevado más de una hora de acción ininterrumpida, suerte que a continuación nos esperaba una sección de pistas fáciles, siempre en ascenso, donde recuperar un poco. Yo personalmente aproveché para estirar bien las piernas para ver si aflojaban los calambres, teniendo en mente ya la siguiente senda, la que debía conducirnos a Raneira.

Una vez más el desnivel era considerable, y es que esta excursión era como un tobogán. Para empezar el descenso primero debíamos ascender hasta un picacho de 1500 metros, y luego buscar alguna traza de camino que nos situara en la ruta correcta. Nos concedimos una pausa para extasiarnos con el paisaje.




DNT miraba más lejos todavía, intentando distinguir en el horizonte alguna gasolinera para solucionar sus permanentes problemas de autonomía.




El primer kilómetro tenía poca pendiente y la senda discurría plácidamente por suaves colinas. Aguzando la vista en el centro de la foto se puede ver una pequeña mancha amarilla




que progresivamente iba aumentando




hasta hacerse casi de tamaño real.




Posteriormente el recorrido se puso más serio y empinado, y empezamos a internarnos en un bosque, sin dejar de bajar en ningún momento.




Finalmente, vislumbramos Raneira a lo lejos,




un pueblo con forma de rombo!




Yo personalmente llegué a Raneira algo tieso con tanto calambre y mis amigos tuvieron que ir esperándome en la bajada, pero ya se sabe, the show must go on, nada puede pararlo.

Calculamos que llevábamos demasiado retraso como para completar las tres sendas que todavía nos quedaban por delante y que, por lo tanto, buena parte del regreso sería necesariamente asfáltico, pues no estábamos en condiciones de meternos en fregados nocturnos de aquel calibre, y menos después del maltrato acumulado.

Debíamos ir por el kilómetro 110 y calculábamos que faltaban por lo menos otros 30 ó 40, circunstancia que nos obligaba a visitar la gasolinera de Irene para asegurar que la 125 llegase a Start por sus propios medios. Repostamos rápidamente y tras echar un vistazo al mapa decidimos reconducir la ruta de tal manera que pasaríamos por la senda nº7 pero sacrificaríamos las dos últimas. 

7-SIPELIUS

La ruta hacia Sipelius implicaba recorrer más de una decena de kilómetros por pistas semi-rápidas. Una de las cosas buenas de las excursiones largas es que a lo largo del día las circunstancias pueden variar considerablemente, y según pasan las horas puedes pasar por averías y calvarios, fríos y calores, lesiones, golpes y un sin fin de situaciones cambiantes donde alternas el sufrimiento con el gozo. Por lo que a mí respecta, este enlace hasta Sipelius me vino de maravilla, pues la pista se adaptaba a mis gustos y allí me desfogué dando gas y derrapando a placer. Dolores y averías quedaron en segundo plano y puse toda mi concentración en abrir gas fuerte y difrutar del derrapaje, y así durante largo rato hasta que llegó el momento de afrontar el enésimo descenso.

De repente el camino se puso feo,




y el cielo, cada vez más oscuro.




Que la noche nos iba a sorprender en lugar extraño ya lo sabíamos. La única incertidumbre residía en saber si el descenso por aquellas muelas deshechas por la erosión hacia las riberas del Perera Californiana sería factible o no.

Los primeros tramos parecían resbaladizos. Un lecho de piedrecitas sueltas nos obligaba a conducir con atención, so pena de irnos ladera abajo.

Por cierto Deivid, ¿ese "niec-ñiec-ñiec" que se escucha proviene del PDS de la Husaberg o es que sufres de artrosis en las articulaciones? Vaya escándalo, macho.

Tras este tramo juguetón, una grata sorpresa




en forma de escalinata tallada en la roca. Eso anima a cualquiera.




O tal vez era la señal definitiva de que nos aproximábamos a la ciudad perdida. Así me quedé yo al ver el espectáculo que se ofrecía ante mis ojos:




En el horizonte, la ciudad fortaleza de Sipelius. Sólo quedaba conquistarla y arramblar con sus riquezas.




Bueno, a medida que nos acercamos comprobamos que su esplendor había quedado ya muy lejano en el tiempo, pero había que bajar hasta allí de todos modos.


Atención a los primeros segundos del vídeo, cuando DNT arranca la moto y !se mete la palanca de arranque en el bolsillo! Vivir para ver; así se tiró todo el día.


Finalmente llegamos a las ruinas de lo que fue un lugar habitado, ahora pasto del olvido. No sé si volveremos algún día.


8-FINAL

A Fuente de Lamañana llegamos con las últimas luces del día. Ya habíamos decidido abortar las trialeras 8 y 9. Lástima, porque la última de todas era un subidón parecido a Hombres Tuertos, sólo un poco más suave, y por su proximidad a la carretera, seguro que ciclable en su totalidad. Otra vez será.

Sólo había un camino posible: siempre hacia el sur buscando el coll de Sade para franquear la cordillera. Nos hinchamos a rodar por asfalto pasando por pueblos semifantasmas como La Grúa o Ayzamora. Ya envueltos en tinieblas nos pasamos, literalmente, un pueblo, y nos tocó preguntar a un paisano, dar la vuelta, y perder todavía un poco más de tiempo. Sin duda el cansancio empezaba a pasarnos factura.

El ultimo tramo consistió en subir y bajar un larguísimo puerto de montaña surcando una estrechísima carretera sin pintar, negra como boca de lobo, especialmente si llevas una luz bastante precaria. Aquel trecho se nos hizo más largo que un día sin pan, y cuando llegamos finalmente a Start no cabíamos en nuestro asombro al comprobar que habíamos hecho unos 180 kilómetros en total. Habíamos previsto unos 140 escasos, pero el rodeo asfáltico prolongó la agonía inesperadamente. Calculo que nos faltó una hora y media de luz para completar la vuelta. En cualquier caso, salida larga, dura y, a pesar del rally nocturno final, muy satisfactoria.