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viernes, 22 de mayo de 2009

ATLAS'09. DÍA 4. LA CATEDRAL DE ROCA (MESSTEFRAN) - AL-KSIBA.

4ª ETAPA. LA CATEDRAL DE ROCA (MESSTEFRAN) - AL-KSIBA.
280 kms.


Aquella noche dormimos como lirones, al lado del río Assif Melloul, en la Gite d'etape de La Cathedrale en Imi n Warg. Una gite d'etape es una suerte de albergue preparado para los turistas. Generalmente están bien señalizados cuando cruzas los pueblos y nosotros, casualmente llegamos a este con nocturnidad: http://www.ismalar.org/rutas/servicios.php?id=14#


Levantarnos de la cama aquella mañana...no podíamos. A las agujetas normales había que sumarle las de los tríceps y bíceps, triturados de tanto empujar en los ventisqueros. Empezamos a ponernos la armadura, momento que aproveché para renovar las tiritas y esparadrapos que protegían la llaga que se me iba haciendo en el empeine del pie izquierdo. Acto seguido me enfundé los calcetines bien mojados de los dos días anteriores (no llevaba recambio, recordad que teníamos pensado haber vuelto a la base de Imilchil el día previo) y nos subimos a las motos. Antes de salir un compatriota que se alojaba en el albergue ya nos avisó que la ruta que queríamos seguir ( directos a Imilchil pasando por Anergui) estaba impracticable a causa de que el río que seguía el curso de la pista prevista iba bastante crecido. Aún así decidimos intentarlo y tiramos pista arriba siguiendo el curso del Assif Melloul a través de un cañón:

Puente sobre el Melloul.

Al cabo de unos 10 kms tuvimos que dar la vuelta, pues la pista continuaba exactamente por encima del lecho del río, o sea, el track era practicable sólo en época de sequía. Deshicimos el camino hasta encontrar asfalto y nos dirigimos por una carretera interminable que bordeaba el pantano de días anteriores hasta la gasolinera de Ouaouizarht. Estábamos en el km 80 a unos 800 metros de altura. Observad el perfil de lo que nos quedaba por delante y entenderéis porqué a lo largo del mismo día podíamos asfixiarnos de calor o helarnos de frío.

Dejamos el asfalto y volvemos a coger pista. La primera aproximación de llegar a Imilchil se había frustrado por el exceso de caudal del río, pero Amarok improvisó una segunda ruta alternativa. Otra vez estábamos en las cumbres:

Altiplano.
El paisaje nevado con sol era para extasiarse, y si encima vas en moto, todavía más:
Gran día.
Aquel día llegamos a los 2500 metros de altura, como ya venía siendo habitual. Sobre el km 160 comenzamos un descenso a través de caminuchos embarrados que pronto se convirtieron en senderos aptos sólo para peatones, burros o motos. Cruzamos alguna aldea paupérrima y continuamos por el sendero vadeando los ríos de rigor:

Vadeos sin fin.
El sendero cada vez estaba más entretenido:

Sendero arenoso.
El riachuelo de la foto lo atravesamos unas cuantas veces. Un chaval nos echó un cable metiéndose en el agua varias veces para mostrarnos la profundidad de cada vado. Este arroyo era de los pasar de un tirón dando gas, afortunadamente. El sendero se estrechaba. Aquí a punto estuve de arrancar las alforjas la chocar contra los bloques de piedra que jalonaban la senda. Y es que te olvidas de que las llevas.

Cuidado con las alforjas.
En un momento dado el sendero se metía de lleno en el arroyo y dudamos de si tendría continuidad o no. Amarok, usando su jerga viajera de inglés-español-francés, se puso a preguntar a una madre y una hija que estaban por allí y llegó a la conclusión de que existía una "circunvalación" que, montaña arriba, solventaba el obstáculo. Poco después unos jinetes montados en burros nos confirmaron la existencia de dicho desvío y allá nos fuimos. Trialeando por lomas arenosas volvimos al sendero y a los vadeos:

Riachuelos.
La cosa continuaba igual: sendero, remojones esporádicos, alguna aldehuela o poblacho como Taghzout. cruces dudosos, gente que sale a ayudarte y tan pronto de orienta como te desorienta.... al final no sabes a quien creer; hay gente que te ayuda de buena fe, otros te lían, sobre todo los críos.

El camino cada vez más difuminado.
Imilchil estaba ya muy cerca, yo calculo que a unos 50 kms. La proximidad de nuestro campamento base y las ganas de llegar hasta él para descansar, cambiarnos de ropa y recuperar fuerzas nos cegaron, y cometimos un error que por poco nos cuesta un disgusto muy serio.
El riachuelo fangoso que nos había acompañado durante los últimos 10 kms desapareció y nos dimos de bruces con un río más caudaloso y agitado de aguas cristalinas. Precioso, sí, pero teníamos que vadearlo intermitentemente. Varios niños y un adulto se apuntaron al espectáculo y nosotros, dispuestos a ofrecerlo, nos aprestamos al rito ya habitual de franquear ríos a troche y moche. Enseguida el asunto se complica y el berebere se mete en el río para indicarnos la zona menos mala. Cuando vimos que el agua le llegaba casi hasta los mismísimos en algunos sitios empezamos a ver la cosa más fea de lo normal, pero yo, trastornado por la cercanía de Imilchil, saqué pecho y me fui directo a ponerme en remojo. Entre los tres pasamos el río 2 veces con mi moto, pero aquí fue cuando empezamos a verle las orejas al lobo. El siguiente vadeo planteaba dudas bastante serias, y Juan y el berebere se fueron a hacer barranquismo río arriba para ver qué nos aguardaba, no fuera a ser que nos estuviésemos jugando el tipo en balde.


Explorando el estrecho.
Al cabo de un buen rato vuelven y amarok, con mala cara, asume que hay que dar la vuelta, que los vadeos siguientes son todavía peores y que hemos hecho una heroicidad absurda cruzando con mi moto hasta aquel lugar. Damos la vuelta a mi DRZ y nos conjuramos para volver atrás sin que naufrague la moto. Cruzamos bien el primer vado, pero el segundo y definitivo iba suponer nuestro bautismo en el Atlas, y no metafórico precisamente. A punto de llegar al otro lado el motor se cala, por los motivos que sean (entró agua en la caja del filtro, algún cable se mojó, fui torpe con el embrague....), la corriente ladea la moto, amarok resbala, el berebere y yo aguantamos pero la corriente nos arrastra, amarok se rehace y conseguimos frenar la moto in extremis (a unos pocos metros el río se deslizaba por una cascada). En aquellos segundos se me pasó por la mente a velocidad de vértigo la película de los 4 días de excursión más la probable y penosa evacuación a pie de aquel lugar tras haber abandonado la moto sumergida en el fondo de aquel río. Sacamos fuerzas de flaqueza, enderezamos la moto e intentamos sacarla de frente contra corriente entre los 3, pero el agua podía más que nosotros y nos arrastraba río abajo. Entendimos que había que dar el máximo o no salíamos de allí: pasito a pasito y aunando esfuerzos llegamos a la orilla. Ahora solo quedaba evaluar daños y ver si aquello arrancaba o tocaba pernoctar en tan salvaje lugar:

Secando la ropa y la moto.
Pusimos a secar losrestos del naufragio: móviles, cámaras de fotos, pasaportes, documentación, toda nuestra fortuna en dirhams, botas, calcetines, etc. Desmontamos maletas, asiento, depósito y accedemos a la bujía. Vaciamos la cubeta del carburador por si las moscas y parece que el agua allí no había llegado. Le damos al motor de arranque unas cuantas veces, montamos bujía e intentamos arrancar, pero no hay manera. No sé cuanto tiempo pasaría repitiendo este ciclo de arranque y reposo, siempre con cuidado de no agotar la batería, una media hora tal vez, pero al final el motor empezó a dar algunas explosiones y terminó por arrancar, yuhuu, momento que recoge la fotografía:

¡Arrancó!
Por cierto, si alguien ve las fotos y cree que él pasaría fácilmente por ahí, le garantizo que va errado. Era un río bastante bravo, capaz de arrastrar a 3 adultos y a una moto cargada de unos 140 kilos, con un fondo irregular en forma de V de pedruscos en movimiento redondeados bien grandes y bien resbaladizos, y con una profundidad notable. Si a esto añadimos que vas cansado y que no conoces muy bien el terreno, el chapuzón a medio plazo está garantizado. ¿Fue una insensatez?


Todo este tiempo estuvimos acompañados por el berebere, que sólo quería un pitillo, y 4 zagales que, incansables, esperaban bien nuestra resurrección o bien buestro abandono. Aquí en la foto cuando todavía ignorábamos que la DRZ arrancaría:

A la espera.
Antes de marchar les obsequié con unos chicles de menta. Tendríais que haber visto la cara de uno de los chavales cuando notó en la boca ese estallido de frescor característico de estos chicles. Sin duda era la primera vez que probaba uno en su vida.


Este de la foto me cayó en gracia. No sabíamos si su intención era conseguir alguna chuchería o echar mano de alguna de nuestras pertenencias en un momento de descuido. En esta vida le ha tocado vivir en aquel remoto lugar, a 2000 metros de altura y descalzo.

Berebere.
A nosotros aquel día, bien mojados y sin comer, sólo nos quedaba deshacer el camino por aquel sendero arenoso con sus vadeos correspondientes, por supuesto, y buscar algún lugar para secarnos, dormir y nutrirnos. Por segundo día consecutivo el retorno a Imilchil resultaba imposible, el tercer día por exceso de nieve, y el cuarto por exceso de agua. De momento nos tocaba volver a ascender a 2500 metros para refrescarnos un poquito más (km 190) y replantearnos la ruta. En la foto, Amarok, el genio del gps, buscando la salida menos complicada:

Otra vez en el altiplano.
Descendemos el puerto por buena pista rápidamente y tras unos cuantos kilómetros de asfalto, cerca del atardecer llegamos a Al=Ksiba, ciudad grande y con muchos servicios. Tras 280 kms con sus diferentes penalidades sólo queremos dormir, pero en el único hotel abierto de la localidad nos dicen que no hay sitio. Nos envían a otro albergue pero está cerrado. Volvemos al hotel inicial. Amarok insiste y finalmente un marroquí que habla inglés dice que nos aceptan. Se identifica como motard y que entiende nuestra situación, también nos explica que podemos dejar nuestros ¨scooters¨ en el parking del hotel. La habitación, cutrecilla, como siempre. Para cenar, amarok y yo, nos metemos entre pecho y espalda sendas ensaladillas rusas tamaño XL más pollo con patatas y cerveza del país (no suelen tenerla en muchos sitios). Y de aquí, al lecho. Otra jornada como estas dos últimas y no sé si hubiéramos aguantado. Superábamos ya los 1000 kms acumulados en 4 días.

Y para acabar este día, una foto de mi moto, que a punto estuve de perder sumergida

en este río:






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