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miércoles, 1 de octubre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 4. TJENTISTE-ZABLJAK. 115 kms

DÍA 4. TJENTISTE-ZABLJAK. 115 kms

Posiblemente la etapa más corta del viaje. Maldita lluvia.

Amaneció un día radiante y tras dar buena cuenta de la habitual omelette 


dediqué las primeras horas de la mañana a inspeccionar con calma el memorial de Sutjeska y sus alrededores, donde se hallan también un desvencijado osario y un ruinoso hotel.

Cuando llegó el momento de partir irrumpió con fuerza un inoportuno aguacero que demoró mi salida de Tjentiste casi una hora. No fue hasta media mañana cuando llegué a la semidesierta aduana de Pluzine entre Bosnia y Montenegro sobre el río Tara.


El cañón del Tara fue quedando cada vez más abajo

hasta alcanzar el altiplano de Crkvicko Polje
notable por sus praderas repletas de cráteres.



 

La lluvia no tardó en hacer acto de presencia otra vez y mi entrada al parque Durmitor fue pasada por agua.


De todos modos, el chaparrón no duró mucho y los últimos kilómetros hasta Zabljak los cubrí bajo un cielo temporalmente despejado.




No obstante, hacía un frío que pelaba. Estando ya en Zabljak empezó a llover de nuevo, y esta vez con más intensidad que antes, de modo que me pareció adecuado hacer una pausa para alimentarme a la espera de que mejorara el tiempo. Mientras comía me ofrecieron un alojamiento con calefacción incluída, y a la vista de que el tiempo no mejoraba, decidí tomarlo y acabar la jornada allí mismo. Ya vendrían días mejores.



viernes, 26 de septiembre de 2014

25 DÍAS EN LOS BALCANES. DÍA 3. MOSTAR-TJENTISTE. 230 kms

DÍA 3. MOSTAR-TJENTISTE. 230 kms


Durante la madrugada cayó una tromba de agua y tuve que saltar de la cama para poner a cubierto las botas y el resto del equipo que había dejado en el balcón. Esta circunstancia se repitió varias veces a lo largo del viaje; el verano en los Balcanes estaba siendo inusualmente lluvioso y me costó un tiempo entender que podía llover en cualquier momento. Por la mañana las nubes se despejaron y tuve ocasión de callejear de nuevo por Mostar, esta vez sin la muchedumbre de turistas que inundaban las calles la noche anterior.

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Fue salir de la ciudad y comenzar a ascender de inmediato. Visité algún fuerte de la gran guerra prácticamente reducido a escombros y enseguida puse rumbo a Nevesinje atravesando zonas más bien poco habitadas.




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El objetivo era llegar al puente de Ovciji Brod.





Tuve que dar unas cuantas vueltas por los trigales buscando la traza del camino. Ya nadie pasaba por allí.


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Más adelante me esperaba la necrópolis medieval de Morine, en un altiplano de las montañas Zelengora. Hasta allí no hice más que subir y subir.




Una vez arriba del todo, las praderas se extendían por todos lados. Si había estado buscando un lugar para el sosiego, lo había encontrado.

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Otros habían encontrado allí mismo reposo eterno hacía siglos.




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No hubo manera de asaltar las tumbas, las losas pesaban demasiado y no conseguí moverlas ni un ápice.
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Reposté en Kalinovic y proseguí hacia el corazón de Zelengora. La inconfundible silueta del Stog me sirvió de referencia para encontrar el escondido lago Orlovacko.



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 Vaya un gustazo, todo el lago para mí solo. 

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Turistas, por allí, pocos. A lo sumo, algún granjero.

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La tarde se iba acabando. Pude visitar otro lago todavía, pero el tiempo acuciaba si quería llegar a Tjentiste a una hora razonable. Allí me esperaba el fabuloso monumento erigido en honor a los partisanos muertos en la batalla de Sutjeska.

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La construcción, aunque abandonada a su suerte, infunde respeto por sí misma, y el abrupto paisaje otorga al lugar más solemnidad si cabe. Me impactó tanto que a la mañana siguiente volví para disfrutar del entorno otra vez.